La Tierra Prometida: Programa de acogida de refugiados palestinos

La primera vez que Tamer se subió a un avión, se encontraba con su esposa y sus cuatro hijos. El vuelo que partía desde Siria, se convirtió en el primer paso hacia su nueva vida en una cultura totalmente diferente, de la que no conocía mucho.
Para Tamer, la mezcla de papas, carne y verduras del almuerzo en el avión significaron, además de una rara ombinación, el primer detello del cambio cultural al que se estaba acercando.
Mientras las manos de su esposa, Ahalam Alí, se humedecían cada vez más por la emoción y los nervios de viajar en avión, él permanecía tranquilo y muy seguro en su asiento. Al mismo tiempo, el resto del grupo de refugiados palestinos al que Tamer y su familia pertenecen, gritaban y saltaban al mirar por la ventana. Menos él.
De esta forma comenzó el nuevo ciclo para este grupo de refugiados palestinos iraquíes. El pasado 6 de abril llegaron a Chile escapando de la guerra y de las persecuciones causadas por los soldados norteamericanos, dejando atrás toda su vida después de que su país natal, Irak, les diera la espalda persiguiendo a sus mujeres, torturando a sus hombres y perturbando la vida de sus niños. Por esta razón arrancaron del país. Incluyendo Tamer, quien dejó a la mitad de su familia, a sus amigos, y a las calles iraquíes que le enseñaron a jugar a la pelota y a hablar inglés (convirtiéndolo en el único de sus compañeros en hablar este idioma), para abandonar el país que finalmente les cerró la entrada y lo dejó a él y a otros 750 palestinos relegados a su suerte en medio del desierto.
Pero el destino les tenía preparado otro rumbo y ahora se encontraba volando sobre el Atlántico, en medio de un viaje con escala en París, que lo llevaría al país más apartado del mundo, del que sólo conocía el nombre de Pinochet.
Durante todo el viaje permaneció con ellas la periodista de Televisión Nacional, Consuelo Saavedra y su equipo, quienes habían estado reporteando su partida desde Damasco, Siria, y ahora aterrizaba con todo el grupo en suelos chilenos, luego de un viaje de 40 horas.
En el aeropuerto se encontraba la comitiva que los llevaría finalmente a La Calera, destino final de Tamer y sus coterráneos, que los esperaba con una ceremonia al aire libre en la plaza pública y que incluía empanadas, un esquinazo y la bienvenida del alcalde, a quien Tamer agradeció públicamente en la velada. El escenario deja en claro porqué la ciudad ganó el reconocimiento de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas) de ser la "ciudad más cariñosa con los refugiados", en diciembre de 2007. El galardón se posesiona orgullosamente en la entrada de la municipalidad, en un gran cartel a la entrada de La Calera, como firma bajo la pancarta de bienvenida de los palestinos, y en cuanto letrero público pueda uno imaginarse.
La Calera hace gala de su reconocimiento con fundamentos: esta es la tercera oleada de palestinos que llega a la ciudad; el pasado mes de abril fue testigo nuevamente del éxodo que vio tantos años atrás, cuando llegó, por ejemplo, la familia del propio alcalde de La Calera.
Y verás como quieren en Chile...
Fuera del Medio Oriente, Chile posee la comunidad palestina más grande del mundo, estimada en 350 mil personas. La mayoría de estos inmigrantes provienen de la ciudad de Beit Jala, desde donde huyó el primero de los Amar (abuelo del alcalde de San Felipe, Jaime Amar), que a los 17 años viajó durante un mes dentro de una de las cajas de té que traía un barco. O desde la que viajaron Elías y Labbibe Chahuán en barco hasta Buenos Aires, y en mula hasta la Calera, ciudad en donde años más tarde nacería su nieto Roberto Chahuán, hoy alcalde de dicha localidad.
La razón por la que nuestras tierras han sido el destino predilecto, por años, de miles de palestinos, es simplemente la similitud geográfica con su tierra prometida (exceptuando las temperaturas).
La cifra este año aumentó en 117 nuevos palestinos refugiados que vienen bajo el programa del gobierno, "Chile país de acogida", que alberga hoy a 29 familias en La Calera, San Felipe, Ñuñoa y recoleta. de ellos, 39 se reasentarán en La Calera.
"Se eligieron estas ciudades porque en ellas reside una cantidad importante de palestinos y principalmente porque sus alcaldes son también refugiados palestinos, a excepción de Recoleta", cuenta Roberto Chahuán explicando la distribución del programa que trajo a Tamer quien, sin duda, realiza esta peregrinación en condiciones mucho mejores, puesto que desde antes de su llegada, ya tenía (al igual que el resto de sus compañeros), un sueldo de $200.000 mensuales por dos años, cortesía de la Embajada Palestina; dos meses de arriendo pagados, educación y servicios de salud, por cuenta de la Municipalidad, y trabajo asegurado por parte de la comunidad palestina en Chile, que ya le han dado trabajo a la mayoría de estos forasteros. Tamer Kalifa no se queda atrás. La misma Escuela Palestina en la que todas las tardes va junto a sus compañeros a clases de español (auspiciadas por ACNUR), ya le hizo su oferta y después de un mes de estadía comenzó a dar clases de historia a los niños palestinos, pues es licenciado en historia de la Universidad de Bagdad.
Sin embargo, esto no es nuevo para Tamer. Luego de arrancar del país e instalarse juntos a su familia y al resto de los palestinos en un campamentoen medio del desierto, realizó el mismo trabajo en la carpa que hacía de escuela, y que les entregó UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos de Medio Oriente).
Actualmente, y debidoa su rápido aprendizaje del español, se encuentra trabajando como inspector general de la Escuela palestina. Sobre su nuevo trabajo sólo responde, "Cuando yo aprender españioli, yo trabajar inspector", dice con un marcado acento que delata su origen.
El Conflicto
Cuando en 1945 Israel declaró su independencia, contempló también como suyos los territorios vecinos de Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza. estos terrenos los había destinado la ONU para formar en ese lugar el anhelado Estado Palestino.
Los países vecinos (Siris, Irak, Líbano, Egipto y Transjordania) repudiaron la acción israelita y decidieron invadir. Transjordania se tomó los terrenos de Jerusalén Este y Cisjordania (por lo que cambió su nombre a Jordania) y Egipto se quedó con la Franja de Gaza.
Estos cinco países explusaron , además, a todos los judíos (cuya religión es la principal doctrina de Israel) que habitaban en sus tierras. Israel hizo lo mismo con los palestinos que vivían dentro de sus límites, ya que ellos eran apoyados por estos cinco países por compartir su religión: el Islam.
Los judíos, que huyeron a Israel, fueron nacionalizados inmediatamente en ese país.
Sin embargo, los palestinos, que partieron todos en diferentes direcciones, no fueron nacionalizados y sólo han vivido en calidad de refugiados desde entonces. La razón fue que todos ellos tenían (y aún tienen) la esperanza de volver a poblar los territorios expropiados para crear de una vez por todas el Estado palestino.
Fue en medio de ese conflicto cuando los padres de Tamer y algunos otros palestinos fueron acogidos en Irak, en donde Saddam Husein recién había tomado el poder.
Hussein, quien compartía la misma rama del Islam con estos palestinos (musulmanes sunnitas), los hospedó en su país hasta que, en 2003, el presidente de Estados Unidos, George Bush, los acusó de recibir ciertos beneficios del ya fallecido dictador.
Por este motivo, en medio de la guerra que se había desatado entre Irak y el gigante norteamericano, las mujeres palestinas refugiadas en ese país fueron perseguidas para ser golpeadas y violadas, al igual que los hombres.
Para arrancar de este tormento, los palestinos iraquíes (que por cierto, nacieron en Irak, pero nunca obtuvieron la nacionalidad. sólo vivían en calidad de refugiados) huyeron del país. Sin embargo, la sorpresa fue que todos los países vecinos cerraron sus fronteras, al igual que Irak, y estos acosados musulmanes quedaron atrapados en medio del desierto entre la frontera de Siria e Irak.
Al Tanf: En tierra de nadie.
En ese mismo año 2003 se fundó en ese lugar el campamento de Al Tanf, en donde Tamer Kalifa, su esposa, Ahalam Alí, sus cuatro hijos: Kotab, Shehad, Omar y Mohamed, de entre 7 y 20 años, vivieron durante tres años. "Lo peor eran las tormentas de arena y de nieve", cuenta el jefe de familia, recordando algunas de las dificultades que tuvieron que sobrellevar al vivir en el campamento. La escasez de agua, comida, las serpientes y los escorpiones no lo hacían más fácil.
La ayuda de la UNRWA fue un elemento fundamental en su sobrevivencia. La siglo aparece en grande en todas las carpas del campamento, las que sirven de casa, hospital y escuela. A esta última, Escuela Al Tanf, asistían los hijos de Tamer y él era el profesor.
Además la agencia era su única fuente de comida y agua, la que llevaban en camiones y repartían en sacos para todas las familias. En este campamento de 200 metros hacían su vida lo más normal posible.
Dentro de cada carpa dormían, cocinaban y comían en el suelo. Sólo la carpa los protegía de los 50º de calor que alcanzaban los termómetros en el día, y de los -12º en invierno.
"Lo que ellos vivieron fue muy terrible. Primero por ser perseguidos. luego vivir en el campamento. Tamer tenía su trabajo por lo menos, que en algo lo ayudaba", cuenta Mónica Chahuán, coordinadora de la vicaría pastoral para los palestinos de La Calera y sobrina del alcalde.
Finalmente el calvario llegaba a su fin. Bajo el acuerdo entre el programa "Chile país de Acogida" y ACNUR, los palestinos serían por fin sacados de ese aislamiento.
En una carpa se reunieron a todos los palestinos y se les mostraron videos de varios países como Argentina, Brasil y Chile. En la producción del video participó el periodista Amaro Gómez-Pablos, "Que es como la Angelina Jolie de Acnur", cuenta Mónica.
El video mostraba las formas de vida de nuestro país, sus costumbres y clima entre otros datos.
El programa chileno favorece a 117 palestinos de Al Tanf, y al país llegaron los que eligieron Chile para empezar su nueva vida. Para descartar a los que estaban enfermos o los que no cumplían con el perfil mínimo que impone ACNUR para refugiarse, se realizaron varias rondas de entrevistas.
Entre ellos quedó Tamer. "Elegí Chile porque es un buen país. Muy bueno para empezar de nuevo. Quiero una nueva vida para mí y para mi familia", dice en inglés, idioma que maneja un poco mejor que el español.
Caleranos de corazón
La villa Los Pinos, un conjunto de departamentos en el centro de La Calera, y que queda a un a cuadra de la Escuela Palestina, fue el lugar elegido por la municipalidad para instalar a los inmigrantes. En la entrada de este pequeño condominio cuelga un cartel con letras árabes que da la bienvenida a los palestinos, el mismo que se encuentra también en la escuela y en las afueras de la municipalidad. Toda la ciudad se preparó para recibirlos.
"Nunca pensé que en un país tan lejano nos recibieran así", señaló la esposa de Tamer a un diario de la región, en referencia a la bienvenida del 6 de abril en la plaza de La Calera.
Después de eso Tamer salió a dar una vuelta con su hijo por la plaza de la ciudad. Algo nuevo para ellos, pero que más que algo extraño, resultaba bastante agradable.
La nueva vida que tiene hoy en La Calera contrasta mucho de lo que estaban viviendo en su tierra. En Irak era muy peligroso salir a la calle. En Chile, en cambio, aunque la vida es más cara, puede darse el gusto de pasear y disfrutar en paz con su familia. El lugar favorito de sus hijos es el zoológico, al que fueron el fin de semana pasado.
"No hay nada que no me guste de Chile. Todo, todo me gusta (...) Pienso quedarme aquí para siempre", cuenta Tamer, quien asegura que no extraña su país, sólo a su madre, con la que habla dos veces al mes. Para él es muy caro llamar más seguido a Irak.
"La Calera es un buen lugar. No me gustaría irme de aquí. Pienso quedarme para siempre", cuenta Tamer, agradecido por la ciudad en la que vive desde hace algún tiempo y que lo ha ayudado a él y al resto de sus compañeros a salir adelante.
La comunidad palestina de la región se ha encargado de darle trabajo a la gran mayoría de los palestinos.
"Dentro de los chilenos que somos descendientes de palestinos ya les tenemos trabajo asegurado a toda la gente. Es más, aquí ya se involucró la colectividad de Viña, de Limache, Quillota y La Calera", contó el alcalde Chahuán a El Mercurio de Valparaíso.
Los oficios de los refugiados que vienen son muy variados, hay choferes, mecánicos, operadores de grúas, apanderos, chefs y un profesor (Tamer). "Algunos recibieron trabajo del Club Árabe, otros trabajan en el Totus de La Calera y otros en el Líder. Tamer fue de los primeros en recibir trabajo puesto que debía ir a la escuela sí o sí a las clases de español", cuenta Chahuán.
Hasta el hijo mayor de Tamer, Mohamed, ya recibió un empleo. Desde hace un mes trabaja en la distribuidora Sabas Chahuán, que vende mercadería al por mayor.
En la villa Los pInos se puede ver a los niños palestinos y chilenos jugando tranquilamente. "A veces ellos juegan más entre ellos ya que el idioma les impide compartir más", cuenta Alicia Bernal, vecina de la familia Kalifa, que vive hace 16 años en el edificoi y es de las más felices con la llegada de los refugiados. La razón es que su nueva vecina, Ahalam Alí, que es, además de peluquera, profesora de cocina, prepara una gran variedad de dulces árabes que vende en el edificio para ayudar a Tamer a contribuir dinero para el hogar.
En Irak se desempeñaba como peluquera, pero se encontraba cesante en el último tiempo luego de que Hussein ordenara la prohibición del corte de barba.
"Ahalam es profesora de cocina, sabe coser y además es peluquera. El lunes ya habló con Mónica para conseguir trabajo", cuenta Tamer.
El tema del trabajo fue algo que no les gustó a muchos de los palestinos. En Irak estaban acostumbrados a que, por lo general, sólo el hombre trabaja, pero la vida es mucho más cara en Chile y es necesario que ambos trabajen en el caso de estas familias que tienen hasta siete hijos, pero no es el caso de Tamer. Ahalam ha trabajado siempre.
Por el contrario, los niños en la escuela son los más felices con la vida que están viviendo. Además de las clases de español, asisten a clases normales con el resto de compañeros chilenos a quienes les enseñan árabe y con quienes se entienden mayormente por señas.
Para los profesores tampoco ha diso fácil impartir las clases, pero algunos de ellos entienden inglés y eso ha facilitado las cosas.
No es un misterio que el cambio es bastante grande, y aunque Tamer sostiene que le gusta mucho el país y su nueva vida en Chile, cuenta que a su esposa le ha costado un poco más acostumbrarse al cambio. En su país, la mayoría de las viviendas son de un piso, por loque lo más difícil ha sido vivir en un departamento. "Por el Islam, queremos arrendar una casa de un piso. Además a mi me gusta mucho cuidar del jardín", cuenta Tamer.
Un musulmán en La Calera
La rigidez del islamismo impera en todos los ámbitos de la vida de un musulmán. Los islamitas, imitando las construcciones de la ciudad santa de la Meca, han construido sus casas en un solo piso bastante amplio. Por esta razón ha sido un poco difícil para estos palestinos habitar en edificios. Sin embargo, aún en el reducido espacio en el que viven hoy en La Calera (son edificios con sólo dos habitaciones), mantienen intactas sus costumbres y tradiciones islámicas.
El islamismo impone cinco reglas a los musulmanes: la primera es la Shahada o práctica de fé, según la cuál todos los seguidores deben estar seguros de su amor por Allah y seguir los otros cuatro mandamientos. Las otras cuatro son la peregrinación de todo musulmán a La Meca, por lo menos una vez en su vida; El ayuno o Sawm en el mes de Ramadán; El azaque o limosna y la oración.
El Islam obliga a todo musulmán entregar, a fin de año, un 2.5% de las riquezas ganadas en el año (azaque). "La donación se realiza en forma anónima a cualquier vecino musulmán, que no sea de la familia y que necesite dinero. También se les entrega a los musulmanes que se encuentren fuera de su país y necesiten volver, por lo que estos palestinos no entregan el azaque. Lo reciben", cuenta Ismail Torres, secretario administrativo de la mezquita As Salaam (La Paz), en Ñuñoa. esta es una de las tres mezquitas que existen en Chile y a la que Tamer ha ido sólo una vez. Por su trabajo no puede viajar a Santiago los viernes, día de oración en la mezquita. Las otras dos se encuentran en Iquique y Coquimbo.
Todo musulmán debe rezar cinco veces al día. Como la mayoría de los iraquíes siguen esta religión, para ellos es mucho más fácil realizar las cinco oraciones. "Allá tenemos muchas mezquitas. Es más fácil así", cuenta Tamer.
Y aunque no es obligación asistir a la mezquita para rezar, el hecho de tener una cerca del trabajo facilita las cosas, ya que es también obligación bañarse antes de rezar, cosa que se puede hacer en las mezquitas.
"la forma correcta de rezar en la que realizaba el profeta Muhamed. Primero se realiza la purificación del cuerpo (bañarse), luego hay que sacarse los zapatos. La oración se realiza arrodillado en el suelo con las manos en dirección hacia La Meca", cuenta Ismail.
Tantas restricciones abrumarían a cualquier creyente, pero no a los musulmanes, quienes buscan la forma de seguir su religión de la mejor manera.
"A la una yo voy a almorzar con los niños a mi casa. Yo rezo ahí. A las cuatro tenemos otra colación. Ttambién rezo ahí", cuenta Tamer, quien tiene la suerte de vivir a una cuadra del trabajo, por lo que en la media hora que tiene de almuerzo, la deja para bañarse y arrodillarse en dirección a La Meca para luego volver al trabajo. Durante la tarde Ahalam prepara sus dulces y lo espera con el almuerzo. entre las comidas favoritas de tamer se encuentra el Kopa y el Shoshbarack, una rara combinación de verduras que son un destello de la nueva cultura a la que los caleranos se están acercando.
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