El Ocaso de un Torturador

El frío de julio se hacía presente a esa hora en el Cementerio General. Era el 4 de julio de 2007, cerca de las 10 de la mañana, y un féretro café, sin adornos y más ancho de lo normal se paseaba por las calles del camposanto sobre un carro metálico antes de ser enterrado.
El panteonero se detuvo finalmente frente al nicho 32 de calle Dávila, y en vez de presenciar las típicas escenas de angustia por parte de los dolientes, sólo se encontró con la prensa, dos religiosos y unos cuantos carabineros de civil.
No hubo rezos ni cantos. Ni discursos ni llantos. Ningún familiar, amigo o conocido que llorara la muerte de Osvaldo Romo.
El sepulturero depositó el cuerpo en el sepulcro. Uno de los curas se aseguró de que estuviera bien sellado y así, en tiempo récord y sin sobresaltos, terminó el funeral de quien fuera, para muchos, el símbolo de los años más brutales de la represión durante el régimen militar.
Su nombre ha sido sinónimo de traición, de delación y de crueles torturas. Gracias a su trabajo la DINA pudo ubicar y dar muerte a Miguel Enríquez, el máximo líder del MIR y padre biológico del actual candidato a la presidencia, Marco Enríquez Ominami. Con su ayuda se logró identificar y desarmar los principales enclaves miristas de los suburbios obreros de la época y a la hora de obtener información, se convirtió en uno de los más sanguinarios torturadores del gobierno militar.
La personalidad de Osvaldo Romo podía llegar a ser demasiado contradictoria como para entenderla. A pesar de ser bastante tosco y grosero en su forma de moverse, de actuar y de hablar, tenía a veces extraordinarios gestos de humanidad, como el hecho de permitirles a sus torturados la posibilidad de despedirse de sus parejas (siempre delante de él), o la vez en que consoló a Ángela Jeria en Villa Grimaldi mientras estaba siendo torturada.
Intelectualmente poseía una escolaridad muy baja y limitada, pero él la escondía tratando de usar palabras grandes al hablar o escribir. Trataba de codearse con los más grandes de la DINA o la CNI. Después se jactaba de ello frente al resto.
Sin duda, la captación de Osvaldo Romo Mena por parte de la DINA fue un acierto. Su trabajo fue crucial para los propósitos de los aparatos represivos del gobierno de Pinochet, razón por la cual los grandes ausentes de este entierro fueron, además de su propia familia, los miembros del Ejército y la gente de la derecha.
"Era un hombre hosco, huraño, feo", cuenta el padre jesuita Fernando Montes, rector de la Universidad Alberto Hurtado, quien tuvo la oportunidad de reunirse con él en varias ocasiones antes de su muerte el 4 de julio de 2007. "Su funeral fue propio de la vida que llevó", comenta.
Epitafio en blanco
"Aquí descansa un torturador, un verdugo, un asesino", dijo una vez "El Guatón Romo", como era conocido, que le gustaría que rezara su epitafio. En cambio, en el Mausoleo de las Hijas de la Caridad en donde fue enterrado, su lápida aparecía en blanco. Sin nombre y sin siquiera alguna fecha que pudiera servir como referencia.
Sólo un número 32 se posicionaba en el centro de la losa indicando el nicho que le había sido asignado.
La madrugada del día anterior, exactamente a las 4:45, una alarma se activó en la sala común del Hospital Penitenciario. Era el monitor de Osvaldo Romo que indicaba que su corazón se había detenido.
Durante el resto de ese día, las gestiones para retirar el cuerpo sin vida del ex agente fueron realizadas por Sor Yolanda Ellies Santander, una monja de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quien entró y salió del recinto hospitalario varias veces durante el día en su afán por conseguir un nicho donde sepultar a Romo. Después de todo fue ella la visita más constante que recibió "El Guatón Romo" durante su vida carcelaria.
Pasadas las cuatro de la tarde, la hermana Yolanda, cuya agilidad no le hace juicio a su avanzada edad, se subió a la carroza fúnebre la que, saltándose luces rojas, a alrededor de 140 kilómetros por hora y realizando todo tipo de maniobras con tal de dejar atrás a los periodistas, se dirigió a la funeraria del Hogar de Cristo, ubicada en Independencia con Bezanilla, desde donde salió el cuerpo de nuevo la mañana siguiente al poco concurrido entierro en el Cementerio General realizado el jueves 5 de julio de ese año.
Más tarde ese día, una joven de alrededor de 20 años ingresó por la entrada principal del Cementerio General acompañada de un hombre que bordeaba los 30 y del padre Julio Pinto, capellán de la ex Penitenciaría. Eran nietos de Romo y llegaron al lugar con el fin de trasladar al muerto a una sepultura personal. Tulio Guevara, director del recinto, les indicó que sin problemas efectuarían el cambio al día siguiente. Ellos insistieron en que fuera ese mismo día.
Por esa razón, cerca de las 19 horas, después del horario de cierre del lugar, Osvaldo Romo fue desenterrado y cambiado a uno de los patios de tierra del lugar en el que los carabineros, vestidos de civil, se mantuvieron durante todo ese fin de semana con tal de evitar disturbios. En la nueva tumba, que fue visitada al día siguiente sólo por curiosos, periodistas y personal del cementerio, nunca se escribió el nombre ni la fecha, ni menos un epitafio.
El Comandante Raúl se apellida Morel
Osvaldo Romo, quien hasta septiembre del 1973 se había destacado como dirigente vecinal en el sector de Lo Hermida en Peñalolén bajo el apodo de "Comandante Raúl", conocía a la perfección los enclaves miristas de las barriadas obreras. Entre ellas, Nueva La Habana, Vietnam Heroico y Asalto al Cuartel Moncada, en donde se codeaba con una gran cantidad de gente de izquierda.
En un principio militaba en la USOPO, una fracción disidente del Partido Socialista fundada por Raúl Ampuero, que existió entre 1967 y 1989.
En 1972, encaró al presidente de ese entonces, Salvador Allende, por la muerte de un poblador, René Saravia, en una refriega con la policía. Los diarios de la época dieron a conocer su nombre como un "exaltado dirigente", y su imagen apareció en la prensa en diversas ocasiones acompañando al ya fallecido Mandatario.
Su enfrentamiento con Allende provocó que el presidente le pidiera la renuncia a la dirección de la Policía civil encabezada por Eduardo Paredes y Carlos Toro. El cargo fue ocupado más adelante por Ernesto Baeza Michelsen luego del golpe.
Sólo seis meses antes del golpe militar, "El guatón Romo" se presentó como candidato a diputado por Llanquihue y a regidor por Ñuñoa. En ambas ocasiones representando a su partido (Usopo), obteniendo cerca de 400 votos en las parlamentarias efectuadas en marzo del 73'.
Hasta ese momento, Romo seguía perteneciendo al sector de extrema izquierda del espectro político presente en esos años. Sin embargo su ideología política dio un giro transversal los días previos al golpe militar.
Antes de desocupar los puestos de Paredes y Toro, Allende reunió una comisión para aclarar la muerte del poblador de Lo Hermida. La delegación, integrada por el Ministerio del Interior, contaba también con la figura de Romo en representación de los vecinos de dicho sector y del inspector Julio Rada, quien, años atrás, vio en Romo una fácil fuente de información cuando debió interrogarlo por el supuesto robo de un auto.
Cuando se produjo el golpe militar, la primera imagen que llegó a la cabeza del inspector Rada fue la de "El Guatón Romo" y así, la mañana del fatídico 11 de septiembre, el ex "Comandante Raúl", apareció vestido de suboficial del Ejército identificando militantes de izquierda en el campamento mirista Lulo Pinochet tras ser convencido por el inspector Rada.
"Para mí fue un traidor. Cuando vio que estaba todo perdido se cambió de bando", cuenta Brandon Barranco, miembro del Partido Socialista, en alusión a la idea de que haya sido un infiltrado.
Romo fue adiestrado por la DINA para ir tras la cacería del MIR. Comenzó a apellidarse "Morel", y se integró al grupo Halcón 1 de la temida agrupación Caupolicán de la Dirección de Inteligencia. Su importancia en este grupo fue crucial, al ser el actor principal de las identificaciones y captura de los principales cabecillas de los grupos de izquierda.
Su figura cobró mayor relevancia cuando se presentó, armado hasta los dientes junto a Mauricio Moren, jefe del centro Terranova (Así llamaba la DINA a Villa Grimaldi), y otros miembros de Halcón 2, en una casa de Gran Avenida para atrapar a un importante líder de la izquierda. Terminado el operativo, el mismo Manuel Contreras se presentó esa mañana de 5 de octubre del 74' a verificar la muerte de quien había sido la presa más buscada por los aparatos represivos de Pinochet: Miguel Enríquez.
"Que Romo haya pertenecido a la USOPO fue de gran ayuda porque ahí conoció a mucha gente. Conocía la vida completa de estas personas y eso fue lo que ayudó para poder ubicarlas", cuenta Enrique Ibarra, coronel en retiro y abogado defensor de Osvaldo Romo.
Carlos Ominami se adhiere a la sospecha de la traición por parte de Romo. En una entrevista realizada por La Tercera al actual senador socialista que militaba entonces en el MIR al día siguiente del funeral del ex agente argumenta esta idea. "Mi impresión era que Romo no era un infiltrado antes del golpe. Yo cometí muchos errores. Si él desde un principio trabajaba con los militares, no le hubiera costado nada detenerme", dijo.
Por otra parte, Mónica Alvarado, de la Comisión de derechos humanos del Partido socialista, quien fue detenida por Osvaldo Romo a los 14 años, no piensa igual que el senador. "Está claro que era un infiltrado, de otra forma no nos habrían detenido".
"¿Quién va a ir a buscarlos al cráter de un volcán?"
El buen rendimiento de Romo en las tareas de desarmar las estructuras izquierdistas, fue razón suficiente para que la DINA lo enviara a hacer su trabajo a los centros de detención clandestina. "El Guatón Romo" pasó por Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y Londres 38 y su participación en estos campos de concentración le valió el apelativo del torturador más sanguinario del régimen.
Alejandra Holzapfel, ex militante del MIR, tenía 19 años cuando fue secuestrada, maltratada y violada por "El Guatón Romo" en su paso por Villa Grimaldi. (Holzapfel pasó además por Cuatro Álamos, Tres Álamos y Venda Sexy).
En un careo por la desaparición de Luis San Martín, un estudiante de Agronomía y ex MIR que fue detenido en la misma época que ella, la ex estudiante de veterinaria que en la actualidad trabaja en una productora, debió enfrentarse a su verdugo.
Romo en ningún momento la miró de frente y negó haberla conocido, arguyendo que él se había dedicado sólo a las presas grandes como Miguel Enríquez y Pascal Allende.
Al ser entrevistada por una revista, Holzapfel se refirió a lo destruido que se encontraba su torturador en ese entonces. "Lo vi como un harapo humano. Está enfermo física y psíquicamente. Sentí que está mal. Que está solo y amargado", dijo.
Al finalizar el interrogatorio judicial, Romo comenzó a emitir unos ruidos extraños. Cuando la jueza le preguntó que le pasaba él sólo respondió que estaba "atorado". Se puso de pié y en ese momento todos se dieron cuenta de que se había orinado en la silla de la jueza.
En ese momento Alejandra Holzapfel recordó al mismo "Guatón Romo" que conoció en 1974, y con frases como "Ándate de aquí, chancho", echó a quien fuera su torturador, el más sádico de todos.
Tal calificativo, además de sanguinario y despreciable, fue ratificado en 1995 cuando en una entrevista para Univisión, Osvaldo Romo sorprendió a los telespectadores al relatar, con lujo de detalles, sus métodos predilectos de obtención de información a través de la tortura, además de entregar los tips necesarios para deshacerse de los cuerpos y evitar que fueran reconocidos.
"El Guatón Romo" fue uno de los pocos que reconoció abiertamente los métodos de tortura y en la entrevista realizada por la periodista Nancy Guzmán para el programa Mundovisión del ya mencionado canal, justificó actos como poner ratas en las vaginas de las mujeres y entrenar perros para violarlas argumentando que "Si la mujer es capaz de tener un hijo de treinta centímetros, sin cesárea, la mujer puede aceptar todo (...) no es tan blandengue", comentó en la entrevista.
En cuanto a la desaparición de los cuerpos, sugirió que, mejor que botarlos al mar, era lanzarlos a un volcán, "Tirarlos a un cráter de un volcán ¿No será mejor? ¡Claro! Tu vas en el helicóptero, abres la compuerta, poh, todos pa' abajo. ¿Quién va a ir a buscarlos a un cráter de un volcán?", contó, dejando a la periodista y a la gente que siguió el programa por televisión, con la boca abierta.
Tales declaraciones llevaron a Nancy Guzmán a escribir un libro con los detalles de ese encuentro, el que tituló "Romo: confesiones de un torturador". Sobre esa experiencia declaró que "es un hombre enfermo, totalmente enfermo".
La polémica entrevista, que fue realizada cuando Romo recién había llegado a Chile tras ser extraditado desde Brasil en el 92', provocó que se tomara mayor rigurosidad por parte de Gendarmería en cuanto a lo que hablaban los reos en cualquier tipo de entrevistas. (En el 75' fue enviado a ese país por la DINA bajo el nombre de Osvaldo Andrés Henríquez Mena, debido a la gran cantidad de denuncias de derechos humanos en su contra).
El verdugo llora
Tras ser arrestado en Sao Paulo en 1992 por posesión de pasaporte falso, la justicia chilena pidió su extradición a ese país, en donde llevaba 17 años viviendo con su esposa, Raquel González, y sus cinco hijos. El Presidente brasileño de ese entonces, Fernando Collor de Melo, aceptó la petición el 5 de septiembre de ese año.
A su llegada a Chile, fue enjuiciado y llevado a la Ex Penitenciaría. Tiempo después fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Punta Peuco, ubicada en Til Til.
Para cuando murió, se encontraba cumpliendo cuatro condenas por secuestro calificado que sumaban cerca de 37 años, siete condenas de primera instancia, estaba procesado en 17 casos y se encontraba implicado en otras 28 investigaciones por actos de lesa humanidad. Según un registro de un programa de derechos humanos del Ministerio del Interior, se estima en más de cien las personas que fueron sus víctimas entre torturados y desaparecidos.
Quedó libre el 2000 cuando le entregaron la libertad provisional. Sin embargo, volvió a la cárcel un año más tarde cuando debió ingresar a Punta Peuco.
Todo este proceso debió vivirlo sin el apoyo de su familia que siguió su vida en Brasil. Pero no estuvo solo. La Capellanía mayor en ese entonces (ahora Capellanía Nacional), consideró que una persona con las características de Romo, necesitaba de un asesor espiritual, y recién llegado a Chile, comenzó a recibir las visitas del padre Nicolás Vial, actual director de la fundación paternitas, quien lo acompañó todos los miércoles de tres a cuatro de la tarde durante toda su vida carcelaria.
"Era una persona muy lúcida. Poseía una memoria privilegiada", cuenta Vial, agregando que además era un hombre muy sensible. "En varias ocasiones lloró mientras me hablaba de su familia". La última vez que lo visitó fue un año antes de su muerte, de la que se enteró por la televisión.
Otra de las personas que lo visitaba, además de su abogado, era Francisco López, cuyo suegro le arrendó una pieza el año en que salió libre. Su relación comenzó cuando López le permitió enviar y recibir cartas desde Brasil con la dirección de esa casa. Sin embargo, sólo lo fue a ver tres veces, y en dichas ocasiones hablaban mayormente de fútbol. "Le gustaba el fútbol brasileño, pero era fanático del Colo Colo", cuenta.
Pero la relación más estrecha la tenía con Sor Yolanda Ellies Santander, quien lo iba a ver cada sábado en la mañana. Las visitas duraban cerca de una hora, en la que la hermana Yolanda lo lavaba, le ponía ropa limpia y rezaba el rosario con él.
El 3 de julio de 2007, dos días antes de su muerte, la hermana lo fue a visitar al hospital de gendarmería. Mientras estuvo en la sala de espera, Sor Yolanda Ellies presintió que esa sería la última vez que visitaría a Romo. El día anterior, el ex torturador de la DINA había sufrido una fuerte descompensación debido a su grave estado de salud agravado por su avanzada diabetes.
La monja se acercó. Le tocó la mano y le dijo "Hola Osvaldito". En ese momento, al "Guatón Romo", quien fue conocido como el más cruel de los torturadores de la DINA, se le cayó una lágrima. "Recién ahí se dio cuenta de que era yo quien lo había ido a ver", cuenta la religiosa.
El pasatiempo del torturador
La diabetes que padecía Osvaldo Romo había causado ya tantos estragos en su cuerpo, al punto de que le era imposible caminar.
"Él siempre andaba con los pantalones arremangados hasta la rodilla, por lo que dejaba las llagas que tenía en sus piernas a vista y paciencia de todo el mundo. Todo a causa de la diabetes, pero era asqueroso", cuenta Nancy Guzmán sobre las veces que lo entrevistó.
Su limitada movilidad le permitió pasar la mayor cantidad del tiempo haciendo lo que más le gustaba: escribir.
"Escribía de todo y de todos. Sobre las personas a las que detenía. Sobre sus vidas y sobre cómo las conocía", cuenta Ibarra, a quien, siempre que iba, le encargaba papel.
Sus escritos, de una ortografía y redacción bastante precarias, suman tres cajas que se encuentran actualmente en la oficina del juez Alejandro Solís, y las historias que hay en ellos se repiten hasta tres o cuatro veces en cuadernos distintos, con la única diferencia del color del lápiz.
La crónica "Romo, desde las tinieblas", que apareció en la edición del domingo 26 de febrero de 2006 en el diario La Nación, se basa en los relatos del torturador en los que, en sus cerca de cien páginas, recalca que no es un hombre malo y busca el perdón de sus víctimas a través de sus palabras.
En Punta Peuco, una moderna correccional en la que los presos poseían algunos espacios en común, como un living, por ejemplo, la habitación de Romo se encontraba justo en frente de la de Miguel Estay Reyno, más conocido como "El Fanta". Ambos se encontraban en una sección de la cárcel que albergaba a civiles que habían participado de violaciones a los derechos humanos.
Fue con él con quien compartió la mayoría del tiempo que pasó en ese penal, y a quien le dejó sus pertenencias antes de morir.
Poco más de tres meses antes de su muerte, exactamente el 24 de abril de 2007, "El Guatón Romo" fue internado en el Hospital Penitenciario a causa de un edema pulmonar. Los diarios de la época informaron que se veía depresivo, no hablaba con nadie y había bajado de peso (60 kilos el día de su muerte).
Mientras estuvo internado permaneció en un estado de semiinconsciencia. 24 horas antes de su deceso entró en coma, y en la madrugada del miércoles 4 de julio murió.
El acta de defunción señaló que Romo padecía de siete enfermedades, no graves, pero sí de consideración, tales como: hipertensión arterial, diabetes melitus, cardiopatía, úlceras, artrosis en la rodilla izquierda, vejiga neurogénica y pié diabético. Finalmente murió de un paro cardiorrespiratorio.
Al momento de finalizar el segundo servicio fúnebre, los nietos de "El Guatón Romo" confesaron a personal del cementerio que les gustaría en algún momento adornar mejor la tumba de su abuelo. Sin embargo, Raúl Rojas, jefe de seguridad del Cementerio General quien participó de ambos entierros, cuenta que tal promesa no se ha cumplido.
"Nunca he visto que alguien haya venido a verlo", cuenta.
LO DIJO OSVALDO ROMO:
La polémica entrevista del canal Univisión, fue realizada el 11 de abril de 1995. En ella Romo realizó declaraciones que impactaron por la crueldad de sus palabras.
- "Yo creo que es una buena idea tirarlos al mar (...) Ahora Chile no tiene un mar como para tirar cadáveres porque es torrentoso, es violento (...) Tirarlos al cráter de un volcán ¿No sería mejor? ¡Claro! Tú vas volando en el helicóptero, abres la compuerta, poh, todos pa' abajo. ¿Quién va a ir a buscarlos a un cráter de un volcán?".
- "Si pudiera hacerlo todo de nuevo, lo haría igual y peor. No dejaría periquito vivo. (...) Fue un error de la DINA. Yo siempre le discutía a mi general (Manuel Contreras): no deje a esa persona. No la deje libre. Ahí están las consecuencias".
- "Si la mujer es capaz de tener un hijo de treinta centímetros, sin cesárea, la mujer puede aceptar todo (...) no es tan blandengue".
- (En alusión a Carlos Ominami) "Quedó una persona a la que me hubiera gustado matar. Está en el gobierno. Está en el gobierno. Pero le tengo guardao' su recao' pa' algún día".
- "La parrilla es un somier metálico donde se les pone desnudos, una pata p'allá y otra p'acá, un brazo p'allá y otro p'acá, se les amarra y les ponen perros metálicos en la vagina, en los pezones, en la boca y en los oídos, y se les da vuelta la máquina. Se les moja un poquito para que sea más fuerte el primer golpe y hablen rápido".
- "Cuando no hay cementerios, no tienes nada... tirarlos adentro no más (al mar). Hay que darles comida a los pescados".
- "¿Otra manera? Químicamente. Tienes que destruirles dos o tres cosas al individuo para que si aparece no lo puedan identificar. Con un napoleón, total está muerto, le corto los dedos. Cuando está en el agua el cadáver sube, y para que quede abajo hay que aplicarle algún método químico".
Osvaldo "El Guatón" Romo.
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