Samy Benmayor y Carlos Maturana –Bororo–: PINTANDO UNA AMISTAD

"El arte vale callampa", respondió Bororo a Samy, a propósito de la presuntuosa charla sobre arte de la que se encontraban discutiendo. Minutos después, Samy colgaba del balcón luego de saltar por la ventana del taller, en respuesta al irónico comentario de su amigo. De esta manera recuerda Bororo una de las pocas, pero más fuertes peleas que ha tenido en su amistad de más de 20 años con el también pintor, Samy Benmayor.
La primera vez que Samy Benmayor se relacionó con Carlos Maturana, éste era su ayudante en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Bororo, como fue apodado por su hermana tras no poder pronunciar "Morrocotoco", (como inicialmente le decían sus padres), trabajaba como asistente en la clase de Dibujo del profesor César Osorio. Pero no fue sino hasta un casual encuentro en la Plaza del Mulato Gil, en donde se iniciaría su estrecha amistad.
"Y tú... ¿Vas a participar en el concurso de Bienal de Valparaíso?", preguntó Bororo -para distraer-, a Samy quién estaba muy deprimido una tarde de 1985. "Yo voy a ganar", respondió éste y al mismo tiempo lo invitó a pintar en su taller "Santa Victoria", donde trabajaba con Matías Pinto D´guiar, otro amigo e integrante de la misma generación en la universidad. "Él estaba muy deprimido y yo sumamente alegre. Algo mágico nos traspasamos en ese momento", así recuerda Maturana la escena, en la pequeña plaza ubicada en el barrio Lastarria, que fue testigo y escenario de las múltiples aventuras que más adelante vivirían este nuevo par de amigos.
Fue tan fuerte el lazo que los unió desde un principio, que acordaron juntarse todos los miércoles en el taller de Samy, día que apodaron "Miércoles Gigante", sin embargo un día a la semana no bastaba, por lo que lunes y martes también fueron apodados con este mismo adjetivo para las reuniones en el taller Victoria. Años más tarde, "El Boro" arrendaría un taller vecino para no separarse más de su amigo.
Más de 20 años han pasado, desde el episodio de la plaza y estos dos compañeros en las artes continúan trabajando juntos. Samy compró un antiguo galpón abandonado en la calle Girardi, y lo modernizó con la ayuda de una arquitecta, en pleno barrio artístico. Bororo adquirió el territorio contiguo, una imprenta que a pesar de mantenerse en estado artesanal, se ha convertido en su segundo hogar.
Tal como si fueran unos metódicos oficinistas, Benmayor y Maturana trabajan en sus talleres desde las 9.00 AM hasta las 8.00 PM. En su "horario de colación", es clásico para ellos almorzar en la amplia cocina del lujoso taller de Samy, quien además se encarga de cocinar y demostrar sus dotes gastronómicos que fascinan a Bororo.
Pájaro Loco v/s Van Gogh
Diferentes realidades vivieron Sammy y Carlos tras sus inicios en el arte. Si bien ambos desde niños desarrollaron su gusto por el dibujo, mientras Benmayor pasaba horas en el museo observando pinturas de Van Gogh, Maturana dedicaba sus tardes a crear cómics y a leer los del Pájaro loco, su favorito.
Fueron estas mismas historietas las que marcaron su forma de pintar, además de la vocación de su padre y hermano, ambos actores. A diferencia de éste, Benmayor desarrolló su vocación artística en medio de una familia conservadora, "Antes decían que me iba morir de hambre. Ahora todos me aceptan", cuenta Samy.
A pesar de los diferentes escenarios en que crecieron Bororo y Benmayor, son muchos los que concuerdan en las similitudes de sus estilos al pintar. La brutalidad y las manchas arrebatadas en la factura de los cuadros son algo que los caracteriza a ambos. Sin embargo, son ellos mismos los que marcan la diferencia, "En la pintura tenemos muchas cosas en común, pero en la esencia somos súper distintos", aclara Bororo.
"Aquí en Chile, ese grupo de pintores, entre los que descollaba Benmayor y Bororo se oponían a los rigores teóricos y políticos de los conceptuales", así define a la "Generación de los 80'" (grupo en el que se cataloga a ambos pintores) Gonzalo Díaz, Premio Nacional de Arte y académico de la Universidad de Chile, quien fuera profesor Samy y actualmente también de la hija menor de éste, Matilda (21) en la misma universidad.
Los hijos de este par de amigos no han quedado fuera de las influencias del arte. Al igual que Matilda, Paloma, hija menor de Bororo estudia arte en la Universidad Finis Térrea, donde también lo hizo el hijo de mayor de Samy, José.
A diferencia de sus hijos, quienes sí mantienen una relación de amistad, sus esposas no comparten de la misma manera. A Cecilia, Benmayor la conoció en una cita a ciegas, mientras que Silvia, esposa de Bororo, fue compañera de éste desde su época universitaria donde ambos estudiaban arte.
Las trutrucas del No
A pesar de que se consideran políticamente neutros, nunca pertenecieron oficialmente a algún partido ni a movimientos revolucionarios -incluyendo la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH)-, el entorno en el que se desarrollaron sí influyó en las visiones políticas que tuvieron y en las actividades en las que participaban. "En la universidad conviví con mucha gente de izquierda, la mayoría integrantes del MIR", cuenta Maturana, quien se desenvolvió en el mismo círculo que Benmayor.
El taller Victoria, lugar donde inicialmente trabajaban Samy y "El Boro", fue testigo del nacimiento de estos pintores y de sus variadas anécdotas. A un costado de éste se encontraba una Comisaría, desde la que se intercambiaron saludos con carabineros el día del triunfo del No (1988), mientras los eufóricos pintores daban vueltas en el Chevrolet Géminis de Samy, tocando trutrucas de plástico y celebrando la vuelta a la democracia.
"Mi carrera se afirma con que Pinochet es bueno porque te da valor para luchar", así define Bororo la relación de amor y odio que tiene con el controversial personaje de la historia. Si bien, junto con Samy, hacían todo tipo de actividades para juntar fondos para campañas antipinochetistas (ventas de cuadros a $500, actos públicos de pintura los sábados por la mañana), fue en este periodo en el que Maturana adquirió valores para luchar contra una causa que no creía justa. "Hasta el momento en que llega Pinochet, yo soy un pollo. Pero con él aprendí todo lo que había pasado", dice.
En la cocina de Samy abundan tazas y platos que llevan grabados su nombre, las cuales fueron diseñadas en una de las tantas campañas publicitarias en las que Samy ha participado. Hoy nuevamente se encuentra trabajando en el mercado de la publicidad, para una campaña de la que no quiere adelantar ningún detalle, "Ya lo van a ver", cuenta Samy mientras crea algunos diseños en su moderno Macbook.
Bororo también se ha visto involucrado con la publicidad, aunque no tan hábilmente ya que debido a la poca experiencia que tenía en su primera campaña para la marca Fiorucci, no cobró por poner su nombre, por lo que fue duramente criticado por sus cercanos, "Me criticaron diciendo que me había vendido al sistema". Sin embargo ha adquirido experiencia en este mercado y hoy, expone algunas de sus obras en el tercer piso del Parque Arauco.
Durante los próximos meses, Bororo seguirá trabajando en la exposición que tiene preparada para octubre, "Es en Brasilia, la ciudad de la arquitectura y ahí me acompañaran todos mis amigos, Samy, Matías (Pinto D'aguiar) y Pablo", cuenta Bororo pensando en la exhibición en Brasil, en la que seguramente vivirán nuevas anécdotas como las del taller.
"¡Retira lo que dijiste, di que el arte es lo máximo!", gritaba Benmayor a Bororo, mientras se balanceaba en el segundo piso de su taller, tras lo espantado que se encontraba por las acusaciones que su amigo había realizado sólo con el afán de verlo -picao'-. Afortunadamente el descenlace de esta historia fue como todas las, pocas, peleas que han tenido a lo largo de su "súper amistad". "Es tan divertida la relación que, cuando hemos tenido un poco de roce, siempre se deshace en una cosa cómica, entonces la pelea más profunda puede ser la más divertida", cuenta Bororo.
Por Daniela Valdés y Andrea Vásquez
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Cesar Osorio,... lejos el
Un saludo a Samy y a
me encantan uds. tres
Hermosa historia de amistad,
no se que le dijo sam
como qe ela arte vale
geniales ambos, nunca he
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