Una puta en la pantalla

Cuando un hombre la mira fijamente no se pone nerviosa ni tampoco tartamudea. Si es un empresario, ella lo mira de vuelta y se ríe. Esa es su técnica. Los atrapa y les empieza a conversar. Ellos la invitan a comer o a andar en limusina. Lo primero que deja en claro es que ella es la mejor dama de compañía de Chile y que ofrece el mejor sexo que en su vida podrán tener. La mayoría de los empresarios no necesitan que se presente: la han visto el la tele, leído en la revista Cosas o se han metido a su página web. Pocos dudan y muchos abren su chequera. Son sólo 150 mil pesos (a no ser que sea martes de descuento).
Prostituta por costumbre
María Carolina no es prostituta porque le ha faltado la plata para los estudios, porque fue abandonada al nacer o porque no terminó la educación básica. Simplemente le sedujo y se acostumbró.
Hace algunos años se casó con un libanés y tuvo tres hijos. Él murió y la dejó con deudas y más de un problema. Trabajó una vez como diseñadora de interiores en la empresa Solari, pero no aguantó ser mandada. Le mostraron el camino fácil y no dudó, "Me destaco siempre en cualquier rubro, por lo tanto, no me extrañaba que si me dedicaba a esto la iba a romper". Hoy gana desde nueve millones de pesos al mes y posee muchos campos.
De chica quiso ser policía y con el tiempo aprendió a defender a los suyos. Después pensó es ser periodista y ahora la llaman constantemente para dar entrevistas. Ya entrando en la pubertad quiso ser diseñadora, lo que años después estudió en el Inacap. Siempre logra lo que se propone o por lo menos siempre se acerca. Así se lo propuso a los 25 años, cuando una amiga le mostró su éxito vendiendo su cuerpo. Mientras estudiaba diseño de interiores observaba a sus compañeras. Algunas además de pasarles sus apuntes, tenían la confianza para contarles lo que hacían en sus ratos libres. Unas estudiaban, otras eran meseras y unas cuantas eran damas de compañía. Eran mujeres que iban en auto a la universidad, se tomaban un café en el Coppelia y usaban pinturas Mac. Se compraban ropa de Falabella y nunca de Patronato. Era lo que quería. Además la sedujo el sexo, la plata, la gente y la fama, por lo que no le costó hacerla su profesión. Desde entonces su meta no era dibujar mejor que su compañera, sino que a ser la dama de compañía número uno de Chile, cosa que según ella, logró.
Con todo el corazón y la carne
La primera vez que leyó la revista Cosas fue cuando salió ella misma. "Me llamaron después de que anuncié que iba a donar mis propias 27 horas de amor. Cuando cualquiera lo hace bien, cuando uno tiene un negocio claro, es entonces un negocio para la prensa y obviamente para uno". Ella mostró sus fotos (las que muchos critican y las atribuyen a photoshop), la boleta con los tres millones donados a la Teletón y listo. Fue portada.
La entrevista en la revista Cosas marcó una nueva etapa. Llevó a que todos hablen de ella. Y como siempre, ella se reía. Empezó a salir en La Cuarta, la llamaron de Chilevisión y hasta de Canal 13. Ahora todos hablan de ella. Y ella se sigue riendo. Veía y ve a la gente reaccionar, sorprenderse de cómo sabe de política, de cómo habla inglés y finalmente de cómo regala plata a los discapacitados a través del sexo. Ella se sigue riendo. Se generó una preocupación mediática a partir de sus declaraciones. Muchos opinan de ella y eso la hace feliz.
Además ama la televisión. No sólo porque la ve todas las noches o por los programas en que ella misma aparece, sino porque descubrió un poder que pocos tienen. Puede mirar a la cámara uno cuando le preguntan por su hijo, llorar a la cámara dos cuando ahí aparece la luz verde y volver a la uno cuando la enfocan mostrando sus ojos rojos y brillosos. Y eso significa tres clientes más. Negocio redondo.
Sale del estudio y mientras camina a su auto la reconoce el barrendero, el que estaciona los autos y especialmente los grandes empresarios mineros que pasan por el café de la esquina. Algunos le gritan y muchos la alaban. En los paraderos la quedan mirando y a veces incluso eso le asusta. "Todo el mundo quiere conocer a la niña que sale en la tele. Y si los medios te dan la pantalla y los minutos que necesitas, no podía desaprovecharlo. Es espectacular porque ahora soy famosa y me permite cobrar tres veces más caro que el resto".
Así como a veces se le ocurre viajar, comer un Mcdonalds o diseñar un logo para su página, un día se le ocurrió donar en carne plata para alcanzar la meta. Era un golpe noticioso. María Carolina sería una de las protagonistas de la obra benéfica más nombrada. Era su salto definitivo a la fama. Portadas y eventos seguros. Incluso pensó en ir a entregar la donación sin ropa al Estadio Nacional. Se lo comentó a un amigo y decidieron llamar a la prensa. "En ese momento estaba la Luli vendiendo un vestido a 500 lucas, esa niñita rasca, entonces ¡cómo no me iba a poner con 27 horas de amor!".
"Todo funcionó al pie de la letra. De hecho, mucho mejor. Nunca pensé que iba a salir en los diarios argentinos y menos en los franceses. Ahora soy mundialmente conocida, ya que soy un personaje que vendí desde el primer minuto", explica orgullosa la prostituta VIP.
Se ve en el espejo y se gusta. No está enamorada de ella misma, pero sí se gusta. Se ve en los programas y también se gusta. Vive su mundo a su velocidad y por supuesto eso le gusta. Va a los programas que la invitan y se entretiene. Lee La Cuarta, ve Morandé con Compañía, las noticias del Chilevisión, Gente como tú y no se pierde Sin Dios ni Late. Entonces no queda duda que se ve en la tele y se gusta.
Playboy y sus hijas
Montserrat y Javiera no han tenido ningún problema con la profesión de su mamá. O por lo menos es lo que María Carolina quiere creer. Sus hijas de 12 y de 10 años respectivamente, entenderían a su mamá. "Cuando les conté, lo entendieron perfectamente y lo manejan súper bien", dice la escort. Van a un colegio de monjas y sólo han tenido miedo a que su mamá se meta a Morandé con Compañía, se ponga implantes en las pechugas y que así las echen del colegio.
Si dependiera sólo de sí misma estaría en la mansión de Hugh Hefner, pero se acordó de su familia. Se presentó a Playboy pero según ella, era mucha la exposición. Era uno de esos sueños, que tal como ser astronauta, no pudo cumplir. Se debe a sus hijas.
Su día comienza a las ocho de la mañana. Va a dejar a sus hijas al colegio, visita sus departamentos, se junta con sus empleadas y obviamente consiente a sus clientes. A las cuatro de la tarde va por sus hijas y les pregunta si tienen tareas. Ellas responden y les cree. Ayer leyó el cuento La Porota y lo analizó con la Montse. Después sonó su teléfono y volvió a trabajar. Por las noches no se pierde las comidas con sus hijas, a no ser que la inviten a un estelar.
En dos años más pretende dejar de ser María Carolina y abrir más negocios. Tener más campos y un par de viajes en el cuerpo. En diez años espera que sus hijas vayan a la universidad, que sean profesionales o que en el peor de los casos estén en Playboy y vendan su imagen a través de una revista. No quiere casarse, pero sí tener una pareja estable. Además espera que en los dos años que le quedan la prensa le siga ayudando y que las antiarrugas le impidan las patas de gallo.
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Esta mina es muy penca...en
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