Carnaval toda la noche

Si hay algo que siempre se le ha criticado a Santiago es la ausencia de un Carnaval. A diferencia de otras grandes ciudades del mundo, nuestra capital no tiene unos días feriados dedicados exclusivamente a la fiesta y a la diversión, salvo las Fiestas Patrias, que no cuentan porque en todos los países se celebran.

 

Quizás por eso la sensación ambiente en el Santiago de ayer era distinta.

 

Quizás por eso el Parque O'Higgins a las cinco de la tarde parecía un paseo mechón, con grupos de universitarios bebiendo cerveza en el pasto y coreando canciones de los Fabulosos. Quizás por eso algunas de las botillerías aledañas se vieron obligadas a colgar un improvisado cartel de "Se acabaron las chelas" casi a las seis de la tarde. Y quizás por eso, la peregrinación de las siete hacia el Club Hípico tuvo ribetes de histórica.

 

            La fiesta empezó puntual. A las siete salieron a escena Chico Trujillo, los encargados de dar inicio a este verdadero carnaval. Un gran recibimiento para el público que estaba allí desde temprano y para otros miles que aún venían llegando. Un repaso a los éxitos bailables como Y si no fuera y Está la escoba, entre otros, en una presentación impecable que incluyó a la Banda Conmoción como invitados sobre el escenario.

 

            Luego fue el turno de Los Tres, que se tomaron el escenario y cautivaron al público con varios de sus clásicos, empezando con El aval y terminando con Tu cariño se me va, el cover que hicieron de Buddy Richard. ¿Entre medio? El público coreó Hojas de té, Amor Violento y He barrido el sol como si hubiesen ido a ver exclusivamente a Los Tres. "Las siguientes canciones van con mayor razón después de lo que pasó ayer" dijo Henríquez antes tocar un par de cuecas, que en un arranque de patriotismo fueron bailadas -y hasta cantadas- por una buena parte del público. Pero aún faltaba el plato fuerte de la noche.

 

            Un cuarto para las diez salieron al escenario Vicentico, Sr. Flavio, Rotman y compañía, ante la ovación instantánea del público. La noche ya había caído sobre Santiago, pero esa sensación similar a estar a la siete de la tarde en un vagón del metro, tan propia de los conciertos, elevaba la temperatura al máximo. Más aún cuando abrieron con Manuel Santillán, el León que ya desató definitivamente la euforia. Luego vinieron otros éxitos como Contrabando de amor, El aguijón y Calaveras y diablitos. Los clásicos de los Fabulosos Cadillacs fueron cantados por chicos y grandes (me topé con una niña de unos 12 años hasta una señora que pasaba los 40). Después de todo, 25 años de carrera musical no pasan en vano, y son capaces de cautivar a público de todas las edades.

 

            Vicentico, vestido de riguroso negro, cantó, bailó, marchó y jugó con su bastón sobre el escenario, y fue el encargado de llevar la batuta en las dos horas que duró su presentación. "¿Están contentos?" preguntó. El "sííííííííí" del público no se hizo esperar. "Bueno, los felicito", respondió Vicentico, en una clara alusión a la clasificación de Chile al Mundial. El "ohhhh Chile va al Mundial" se dejó caer desde el público varias veces durante la noche.

 

No se quedó atrás la contraparte de Vicentico, Sr. Flavio, ese verdadero showman que hace prácticamente su propio espectáculo poniendo caras, bailando, tocando con una máscara de luchador sobre la cabeza, poniéndose un gorro con los colores chilenos y hasta paseándose en skate por el escenario. También simuló dispararle a la gente mientras tocaban Mal bicho, utilizando su bajo como fusil, el mismo que después le serviría para que simulara una masturbación durante el mismo tema.

 

            Otro de los momentos destacables fue cuando tocaron Nosotros egoístas, la emotiva canción dedicada a Toto Roblat, percusionista de la banda durante 11 años que murió el año pasado a causa de un edema pulmonar. El tema tiene algo en particular: Vicentico pasa al bajo y Sr. Flavio a la guitarra y a la voz, mientras que en la batería lo hace su hijo, Astor Cianciarulo, de sólo 12 años y un futuro talento tras los tarros. Si es que ya no lo es.

 

            El resto de la noche fueron puros éxitos. El público, a pedido de Vicentico, se transformó en la voz de Celia Cruz en Vasos Vacíos, gritó el nombre de Víctor Jara en El Matador, vibró con Vos sabés, bailó cumbia villera con Padre nuestro, entre muchas otras. También se emocionó con Siguiendo la luna y saltó con El satánico Dr. Cadillac, en uno de los momentos peaks de la noche. Quedaron debiendo algunos clásicos infaltables, como Gitana, Número dos en tu lista o Crucero del amor. Pero qué va. Si hubiesen tocado todos sus éxitos el concierto fácilmente podría haberse extendido unas dos horas más. Y ya iban a ser las doce. Se cumplían cinco horas de fiesta.

 

Ya casi al final Vicentico regaló unas palabras, en una suerte de despedida donde dijo que no sabía si ésta sería la última noche que nos encontrábamos, pero que para él "con esto ya era suficiente". "¡Para nosotros no!" fue la respuesta inmediata del público. ¿Para terminar? El Club Hípico estalló cuando sonaron los primeros acordes de Yo no me sentaría en tu mesa, el tema con el que acostumbran a finalizar sus presentaciones. El concierto terminaba. Pero la noche y el Carnaval de Santiago, para muchos de los presentes, estaba recién comenzando.

 

Publicado originalmente en www.paniko.cl

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