Para preparar una buena novela existen distintas recetas, según el gusto de quién cocina.
Saber mezclar con certeza ingredientes y sabores, con el toque justo de cada cual, no se logra sólo siguiendo instrucciones. Hay que ir probando. Si se quiere lograr un plato final fuerte, picante, de esos que quedan dando vueltas en el paladar durante un buen tiempo, las especias deben ser protagonistas contundentes: un toque de corrupción, ojala política, y mucho poder. Todo bien revuelto en el contexto histórico preciso, hará de este, un plato inolvidable e irresistible para los comensales.
Tomás Eloy Martínez cocinó un par de veces siguiendo esta receta. Y probó el sabor del éxito. Con La Novela de Perón (1985) y Santa Evita (1995), dio en el equilibrio perfecto entre un plato elegante, sólo para paladares refinados y uno más bien popular, con toques de cercanía y sensibilidad que no podían fracasar en un país como Argentina, que se ha habituado a vivir de los recuerdos. De un país que fue y que ya no es.