Las rencillas al interior del movimiento GLBT: Junt@s, pero no revuelt@s

Por Loreto Montero
Son muchas las historias que la articulación política de las disidencias sexuales ha logrado acumular a través de los años. Muchas de ellas han sido de carácter público y se han mediatizado a través de eventos masivos como la Marcha del Orgullo. Otras han sido ignoradas por una sociedad que tiende, más bien, a rechazar las expresiones de grupos minoritarios. Lo cierto es que esas historias siguen ahí, y no hace falta demasiado tino para percatarse de que tras cada una de ellas, siempre hay una intencionalidad.
El pasado sábado 29 de septiembre se realizó la novena versión de la Marcha del Orgullo en Santiago de Chile. Más de 15 mil personas se reunieron en el Parque Bustamante, para marchar a través del centro de la capital, en lo que ha sido la más multitudinaria expresión de los movimientos políticos GLBT (Gay, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales) en el país.
El evento no estuvo exento de polémicas. El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), una de las organizaciones más antiguas y conocidas de Chile, se automarginó de la marcha. El diario Las Ultimas Noticias, en su edición del domingo 30 de septiembre, declaraba a nombre de su presidente, Rolando Jiménez, que las razones de la automarginación se debían a "la desorganización, falta de seriedad y poco contenido de la propuesta de los organizadores" (Acción Gay y Mums). El dirigente desmintió al diario nacional y explicó a través de un e-mail enviado a las organizaciones involucradas en la marcha, que las opiniones publicadas en el diario estaban descontextualizadas. "Jamás será afán del Movilh criticar públicamente los trabajos o productos de otros (a diferencia de la situación que nuestro trabajo o actos públicos padecen permanentemente), pues eso daña al movimiento en su conjunto", dice el correo electrónico enviado por Jiménez.
La declaración no especifica cuáles fueron las verdaderas razones de por qué el organismo se ausentó de la Marcha del Orgullo 2007, pero en opinión de Marco Becerra, presidente de Acción Gay, ello se relaciona con las tensiones que genera la figura de Jiménez al interior de los grupos de disidencia sexual. En efecto, dentro del movimiento chileno, son más las críticas desfavorables las que rodean al Movilh y a su presidente, que las adulaciones.
El polémico Rolando Jiménez
El 28 de junio de 1991 se creó la primera organización que actuaba políticamente contra la discriminación sexual en Chile. El Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh "Histórico", legalmente inscrito como Centro de Estudios de la Sexualidad) surgió para agrupar a aquellos gays, lesbianas y trans que estuvieran dispuestos a luchar por la reivindicación de sus derechos ciudadanos, en un período en donde la acción misma constituía una verdadera hazaña.
Uno de los activistas del incipiente movimiento era Rolando Jiménez, ex militante del Partido Comunista durante la época de la dictadura militar. Según Marco Becerra, el Movilh tuvo un desempeño destacable en sus primeros años, pero debido a conflictos entre Jiménez y el resto de los fundadores, la organización se debilitó. Becerra, autodeclarado "concertacionista de corazón", participaba en la Corporación Chilena de Prevención del Sida que posteriormente derivó en SIDACCIÓN y luego en Acción Gay y que, a su vez, proporcionó las bases para la formación del Movilh.
"Se planteo en ese momento que el Sida no era un problema de los homosexuales, sino más bien, un tema de salud pública, y Jiménez adhería a esa opinión. Un grupo al interior del Movilh no estaba de acuerdo, y plantearon la necesidad de crear políticas publicas de salud especiales para los homosexuales", explicó el dirigente de Acción Gay. Producto de esta diferencia de opiniones, se produce un quiebre al interior de la organización, cuyas principales consecuencias son la salida de Rolando Jiménez del Movilh y la creación, por parte de otros ex Movilh, del Centro Lambda de Publicaciones.
Las atomizaciones del movimiento terminaron debilitando a los distintos bandos, y en el año 1997, el Movilh histórico se fusionó con Lambda para formar el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS). Poco después, Rolando Jiménez creó el CIMUSEX (Centro de Investigación Multidisciplinaria de la Sexualidad) y, posteriormente, inscribió en NIC Chile la desusada sigla MOVILH, pero agregándole el grafema "Integración", quedando finalmente el nombre como Movimiento de Integración y Liberación Homosexual. Esto es hasta el día de hoy criticado por sus pares, ya que Liberación e Integración son dos corrientes políticas antagónicas.
Para Felipe Rivas, representante de la Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual (CUDS), "unir en un mismo significante "Liberacionismo" e "Integracionismo" en una articulación política homosexual, es como mezclar agua con aceite". En palabras de Rivas, el Liberacionismo, corriente política de fines de los 70 y principios de los 80, tiene como objetivo socavar el sistema económico y luchar por la Liberación de la Homosexualidad reprimida por el capitalismo moderno; el Integracionismo, en cambio, es una corriente cercana a la derecha y a la Iglesia, que tiene como finalidad que gays y lesbianas sean integrados a la sociedad mayoritaria, privilegiando ciertas representaciones de la homosexualidad que puedan ser más tolerables para la sociedad heteronormativa. Dentro de esta misma línea, Anatolia Hernández, presidenta actual del Mums, declara que el Movilh es una "organización que quiere integrarse y nosotros rechazamos la integración a un sistema que sigue siendo injusto".
A esta crítica se suman otras, referentes a la relación que Jiménez mantiene con el Partido Por la Democracía (PPD), que lo acogió en su lista como candidato independiente en las elecciones de concejal de Santiago en 2004, en la cual obtuvo el 1,94% de los votos. Esta vinculación con el oficialismo ha dado pie a distintas especulaciones por parte del resto de las organizaciones, quienes ven con desconfianza la simpatía con que el Gobierno recibe las propuestas provenientes del Movilh. Un ejemplo de ello es el Pacto de Unión Civil (PUC) que según la presidenta del Mums, "es una propuesta que se armó a puertas cerradas, sin la participación de nadie y que fue tramitada rápidamente, y con bastante favoritismo por parte del Gobierno". La principal crítica que se le adjudica al proyecto es que contempla la regulación de los bienes en la pareja, generando un estatus político nuevo que no reconoce la formación de la familia homoparental. Es por esto que dirigentes como Anatolia rechazan el PUC, argumentando que "no genera igualdad".
La conducta de Rolando Jiménez como dirigente tampoco es considerada intachable por sus pares de otras organizaciones. "El tipo tiene malas prácticas. Es prepotente y grosero", dice Marco Becerra, quien recuerda un episodio especifico en donde Jiménez agredió verbalmente a la presidenta del sindicato de Travestis Afrodita de Valparaíso, Zuliana Araya, durante una reciente reunión de la International Lesbian and Gay Association (ILGA) en Perú. En la misma oportunidad, la presidenta del Mums aprovechó de hacer la denuncia pertinente en contra de Jiménez, por un caso de agresión a una lesbiana de la extinta organización de Trabajos y Estudios Lésbicos de Chile, realizada en el año 2004, durante el desarrollo del mismo evento.
Jiménez, por su parte, ha declarado en varias oportunidades que son sólo opiniones malintencionadas las que han socavado su reputación. Según el polémico dirigente, todo es culpa de la "cultura del doble estándar a la cual le molesta que se digan las cosas por su nombre, como lo hace el Movilh". Otras acusaciones relacionadas con anti-travestismo, lesbofobia o discriminación a las personas viviendo con VIH/SIDA, adjudicadas al Movilh y a su presidente, han sido desmentidas enérgicamente por el mismo organismo.
Pero más allá de los dichos entre una organización y otra, la figura de Rolando Jiménez genera dificultades considerables al interior del movimiento GLBT en su totalidad. El presidente de Acción Gay, organización que trabaja a la par con el Mums, declara que si bien, "en una sociedad democrática es valioso que haya distintas visiones o perspectivas de las cosas", es la unión la que fortalece finalmente a los colectivos y organizaciones. Declara además, que Acción Gay no se cierra a la posibilidad de sentarse a conversar con Jiménez, pero son las negativas y la excesiva autonomía del Movilh lo que desmotiva a la organización para continuar en ese intento. En este sentido, la presidenta del Mums declara que "no estamos por atomizarnos o armar una pelea en contra del Movilh, pero si de denunciar lo que ha sucedido históricamente con la organización".
La reina del plató
Pero si de polémicas se trata, Rolando Jiménez no es el único protagonista al interior de los movimientos de disidencia sexual. En la Marcha del Orgullo 2007, la transgénera Silvia Parada, cercana a la UDI y presidenta de TravesChile, gritó con megáfono en mano, ante todos los asistentes, que la "marcha era vendida" y que el Gobierno había entregado una considerable suma de dinero a los organizadores del evento. La declaración fue desmentida por Acción Gay y Mums, principales responsables de la marcha, quienes declararon "Si tuviésemos plata, la mostraríamos y seríamos transparentes, pero creemos precisamente en la autogestión".
La historia de Silvia Parada en el movimiento GLBT chileno data de hace varios años. Tras una brutal golpiza sufrida en 1998, a manos de fuerzas del orden público, Parada se acercó al Mums en busca de asesoría legal. Allí trabajó durante un tiempo en proyectos de prevención del VIH, hasta que decidió formar una organización autónoma que representara los intereses particulares de las transgéneros. Según la dirigente, en el Mums, sus compañeras jamás obtendrían verdadera representación, pues sus demandas son distintas a los de los gays.
En mayo del 2001 TravesChile obtuvo personalidad jurídica, con Silvia Parada a la cabeza. La organización logró varios avances para las trans, entre los cuales se cuenta la autorización del Registro Civil de Santiago para sacar carné con el pelo largo, y la ejecución de varios proyectos sociales, laborales y de prevención del VIH/Sida. Bianca Bustos, secretaria de la Organización Social Amanda Jofré, creada en honor a la activista del mismo nombre fallecida en el 2002, trabajó con Silvia en aquellos años. La dirigente del organismo dedicado a apoyar al mundo trans, no tiene problemas en reconocer que Silvia se robó dineros destinados a proyectos de la organización, y que además, adulteró facturas comerciales. "Ella no tiene cara para decir eso porque se robó Traves Chile", declara Bianca ante las acusaciones que Silvia manifestó en contra de los organizadores de la marcha.
Además de eso, la Bianca (que estudió un año de Derecho en la Universidad Arcis) critica la agresividad con la que se expresa generalmente la presidenta de TravesChile, y que por poco les cuesta el cupo de representación en Asosida, organismo que presta sus instalaciones para las reuniones de la Organización Social Amanda Jofré. "Hemos tenido que jugárnosla para que nos den una oportunidad, porque no estaba contemplado nuevamente tener trans en el sistema, por todo lo malo que había sido la gestión de Silvia".
Con el Mums, la relación tampoco siguió un buen camino. En septiembre de 2004, Silvia acusó al entonces presidente del movimiento, Fernando Muñoz, de haberla empujado desde uno de los camiones de la Marcha del Orgullo de ese año. Parada dice haberse subido al carro junto a una de sus compañeras, con el objetivo de hacer una declaración a través del micrófono. Ante la negativa recibida de parte de los organizadores, comenzó un forcejeo que terminó con la presidenta de TravesChile en el suelo. La caída la dejó con un TEC cerrado y varias contusiones, por lo que debió ser internada en la Posta Central. La organización prometió iniciar acciones legales en contra de Muñoz, quién más tarde fue detenido por Carabineros.
Para Anatolia Hernández, la intervención de Silvia Parada en la marcha de 2007 fue un intento de posicionarse mediáticamente, pues "se ha quedado sin grupo y ya no tiene credibilidad". Dice que Parada está acompañada de muy pocas personas, porque atomiza a los grupos de los que forma parte. En la misma línea, Bianca Bustos cuestiona la real importancia de TravesChile en la actualidad, pues para ella la organización es sostenida por muy pocas personas y "casi no existe". Silvia Parada "es como una versión trans de Rolando Jiménez", dice la rubia secretaria de la Organización Amanda Jofré.
La Otra Marcha
Pero dentro de este abanico de diversidad no sólo existen personajes polémicos aislados. Este año las colectivas lésbico-feministas volvieron a hacer bulla en la Marcha del Orgullo. Con la consigna de "nada que celebrar, mucho que protestar", las mujeres del bloque lésbico interpelaron a los manifestantes a unirse a la "La Otra Marcha", concepto que nació en el 2003 cuando por primera vez un grupo de lesbianas se separó del resto de la marcha para caminar autónomamente a través del centro de la capital.
Uno de los movimientos que más destacó este año en la marcha fue el Colectivo Lésbico Mafalda de Concepción. Alejandra Aguilar, coordinadora de la entidad, explica "que muchos movimientos han olvidado la verdadera razón por la cual se comenzó a hacer la Marcha del Orgullo. Han olvidado que en Chile no existen derechos para las minorías sexuales y que aun mueren gays, lesbianas y trans por falta de potencia real de parte de esas mismas organizaciones." Alejandra crítica además, la falta de compromiso de parte de la Concertación con la diversidad sexual y la relación que algunos organismos GLBT mantienen con autoridades políticas. "El dinero compra derechos y nosotras no negociamos más, ni nuestros cuerpos, ni nuestros derechos. Las lesbianas nos cansamos de ver tanta fiesta cuando aun estamos de luto", reclama Aguilar.
En opinión de Anatolia, pseudónimo de la presidenta del Mums, expresiones como las de los colectivos lésbicos en las marchas son fundamentalmente una riqueza. "De una u otra forma lo que están haciendo con su presencia es afirmar y legitimar la marcha como un espacio importante en donde se van a manifestar las expresiones y las contradicciones". Sin embargo, reconoce la necesidad de instalar políticas un poco más abiertas que rescaten la multiplicidad de todas las personas. "Me parece que es fundamental porque para mi el respeto es también aprendizaje", declara.
Para Marco Becerra pareciera que sólo en la "gran política" se permitieran los conflictos y las polémicas. Para espacios como el movimiento GLBT, las diferencias estarían vedadas o mal vistas. Según Becerra, el problema no son las discrepancias entre una y otra organización. Los debates siempre estarán presentes dentro de los movimientos democráticos. El verdadero problema para las disidencias sexuales que conforman el movimiento GLBT es que no han sabido aunar las cosas que sí los unen.
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