Adiós, Santiago querido

Boom inmobiliario, palacios al borde del derrumbe y frecuentes incendios son parte de la capital del Nuevo Extremo. Las reglas del juego están claras: un Estado prácticamente ausente en la entrega de recursos para mantener con vida nuestro patrimonio arquitectónico. Huasos y damajuanas se han esfumado en una ciudad a la que, en palabras de Violeta Parra, le derrumbaron el cuerpo y penando está.

Por Nicolás Rojas Inostroza

"La ciudad debería vender el puente, o comprar un río bastante para él", dijo un ciudadano estadounidense al observar el Puente de Cal y Canto en 1850. Un siglo y medio más tarde dicha aseveración sería impertinente. Una de las obras arquitectónicas más importantes de la Colonia fue demolida en 1888 tras una crecida del Mapocho. "¡Qué gran desgracia para la ciudad! Chile, con toda su riqueza de hoy, no podrá jamás hacer de nuevo un puente como el de Cal y Canto", señaló un periódico de la época.

En la actualidad, el valle donde Pedro de Valdivia fundó Santiago del Nuevo Extremo acoge a casi seis millones de habitantes. El corazón de la historia urbana se encuentra en la comuna de Santiago, que cuenta con poco más de 200 mil vecinos (Censo 2002).

Si los conquistadores hubiesen llegado hoy, se encontrarían con una vasta oferta habitacional. En la comuna de Santiago, durante el 2006, se vendieron casi 11 mil propiedades, entre casas y departamentos. En 2007 concentró el 24% de la oferta inmobiliaria del país. Uno de los atractivos de vivir en el centro  es el subsidio de 200 Unidades de Fomento (UF) para la adquisición de propiedades nuevas con un tope de 2000 UF por concepto de renovación urbana.

Actualmente el epicentro inmobiliario se focaliza en barrios como Santa Isabel, Diagonal Paraguay, Portugal, Vicuña Mackenna, República, Avenida España, Blanco Encalada y Avenida Matta,  donde los edificios alcanzan un promedio de 20 pisos.

A fines de mayo, la Municipalidad de Santiago aprobó las modificaciones al Plan Regulador Comunal que contemplan el aumento de inmuebles de conservación históricos (se suman 87), la creación de zonas "especiales" o zonas de amortiguamiento y la modificación de la zona de conservación histórica A1, de acuerdo a la realidad actual en cuanto a estado de conservación. Se deja de considerar el sector poniente del triángulo fundacional dentro de lo protegido debido a la mayor dinámica de construcción de edificios en altura.

Chile en ninguna parte

Vólker Gutiérrez es periodista y profesor de historia. Sentado en el café Marco Polo de la ex Plaza Mayor fuma incesantemente. "De esa Colonia de trescientos años, apenas conservamos tres construcciones: la Posada del Corregidor, la Casa Colorada y la Iglesia de San Francisco. Como chilenos no hemos sido capaces de conservar  este patrimonio", dice con calma. Gutiérrez sabe de lo que habla: desde 2002 trabaja en Cultura Mapocho, agrupación dedicada al rescate histórico de la ciudad. "Es responsabilidad del Estado, pero va más allá de eso.  Es responsabilidad nuestra, de los  ciudadanos que no hemos sabido valorar el pasado para entendernos hoy y proyectarnos mañana", dice mirando hacia la esquina de  Puente con Catedral, donde hasta hace un par de décadas había una construcción extraordinaria: el bazar de Krauss Hermanos, del cual sólo queda una difusa imagen en el archivo de patrimonio perdido del Consejo de Monumentos Nacionales. 

"La globalización es algo así como el mundo en Chile y Chile en ninguna parte", dice antes de perderse entre los oficinistas que recorren el centro en busca de almuerzo o de algún café con piernas por descubrir.

 Palacios y demoliciones

Gustavo Carrasco es arquitecto y Jefe de la Unidad de Patrimonio, dependiente de la Dirección de Obras de la Municipalidad de Santiago. Es enfático en señalar que "no hay una política pública respecto al patrimonio, sólo proyectos dispersos".

En el centro histórico de Santiago existen dos edificios en notorio abandono, que parecen estar esperando alguna catástrofe para desaparecer de la memoria. Uno de ellos es el Palacio Pereira (1872), ubicado en la intersección de Huérfanos con San Martín. Esta construcción de estilo renacentista francés fue declarado Monumento Nacional en 1981 y actualmente se encuentra abandonado, a la deriva de lo que pueda suceder.

El otro es el ex edificio de El Mercurio, de estilo neoclásico. Un privado ha comprado la propiedad y ejecutará un proyecto inmobiliario respetando la fachada del edificio. "Hacia el fondo, se levantará un edificio de oficinas con la misma altura de los colindantes", comenta Carrasco.

El artículo 60 de la Ley General de Urbanismo y Construcciones señala que: "Los inmuebles o zonas de conservación histórica, los edificios existentes no podrán ser demolidos o refaccionados sin previa autorización de la Secretaría Regional de Vivienda y Urbanismo correspondiente". Sin embargo, para Gustavo Carrasco, dicha disposición legal puede ser fácilmente soslayada debido a la falta de fiscalización por parte de las instituciones encargadas de administrar el patrimonio arquitectónico.

Existe una norma que señala que los inmuebles de conservación histórica protegidos por el Plan Regulador de Santiago, en caso de ser demolidos, no podrán ser reemplazados por construcciones que sobrepasen las dimensiones originales del lugar (en metraje, altura, etcétera).

El problema central es que "no hay una política pública de incentivo para proteger el patrimonio, no basta con declarar un inmueble de conservación histórica. No hay ninguna herramienta que incentive a los propietarios a mantener edificios patrimoniales, no ha habido disposición política para asumir que la preservación patrimonial es una tarea de Estado, no sólo al privado individual, porque es la sociedad la que está valorando el inmueble", concluye el jefe de la Unidad de Patrimonio en su pequeña oficina del tercer piso de un edificio de Santo Domingo.

Patricio Herman, presidente de la Fundación Defendamos la Ciudad, es categórico: "En Latinoamérica no hay un país que tenga tanta desaprensión en materia de patrimonio... Esto va a seguir igual en la medida de que se mantengan las políticas públicas orientadas a generar crecimiento económico ilimitado".

Rotos y chilenos

Rosario Carvajal es licenciada en historia y vocera de la Agrupación por la Defensa del Barrio Yungay. Actualmente  los vecinos se encuentran en proceso de declarar al barrio Zona Típica (conjunto urbano y entorno de Monumentos Históricos de valor arquitectónico e histórico). Ya presentaron mil trescientas firmas que respaldan la adhesión de los residentes a la medida que se encuentra en estudio por parte del Consejo de Monumentos Nacionales.

El proceso no ha sido fácil, sólo en 2008 han debido afrontar once incendios "de manera muy extraña, en casas de esquina, justo cuando estamos haciendo los trámites para ser Zona Típica. No han existido investigaciones pero creemos que la presión inmobiliaria se expresa de esta forma", afirma Carvajal.

Sobre el rol estatal, el análisis sigue siendo negativo: "El Estado no ha generado políticas públicas que conserven, que rescaten el patrimonio cultural en Chile. El mercado inmobiliario, lamentablemente, tiene un gran poder... Por su parte el Consejo de Monumentos cuenta con sólo 40 personas para atender las necesidades de todo el país". 

El barrio tiene varios desafíos por delante. Si logran conseguir la catalogación de Zona Típica no recibirán recursos del Estado por dicho concepto, pero  tendrán la posibilidad de adjudicarse fondos concursables para mejorar las condiciones de Yungay, honroso hogar del Monumento al Roto Chileno.

Del mismo modo que el puente, hoy viejas fachadas caen inermes ante la modernidad encarnada en decenas de grúas. En lo más alto de una de ellas, flamea una desteñida bandera chilena.

* Tras diversas gestiones el Consejo de Monumentos Nacionales, a través de su área de comunicaciones, no demostró interés en manifestar su punto de vista en este reportaje.

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