EL SECRETO DE LAS CARMELAS

El toque de timbre anuncia que es la una y media de la tarde, la hora de salida. Las 1.873 alumnas del liceo Carmela Carvajal, en la comuna de Providencia, abandonan las salas de clases para volver a sus hogares. En plena Avenida Italia, la entrada del establecimiento está repleta de muchachos jóvenes de chaqueta azul marino con reconocidas insignias en el pecho. Muchos de ellos pertenecen al Instituto Nacional o al Liceo José Victorino Lastarria. Todos los días, al menos cincuenta jóvenes van a encontrarse con sus novias, otros simplemente esperan conocer a alguna de las alumnas a través de los populares ‘carteos', intercambios de notas y largas cartas entre liceos masculinos y femeninos, que según los mismos involucrados, aún son un método para acercarse sin timidez al sexo opuesto.
LAS TRES VALENTINAS
Bajo uno de los árboles, ocultándose del sol y el calor, un grupo de niñas espera que salgan sus demás compañeras. Valentina Lillo (16), una chica de mediana estatura, de lentes y cabello rojizo teñido, saca un cigarro mentolado de su bolso oscuro, en el que está cosido un parche donde se ven dos niñas tomadas de la mano. Vive en Puente Alto junto a sus padres y quiere ser diseñadora gráfica. Paloma Huerta (16), una de sus amigas, le pide un cigarro mientras se amarra el pelo. Es de baja estatura y muy delgada. Vive cerca de Valentina, y casi siempre se van juntas al colegio. "Ahí viene por fin, nos vamos", exclama Valentina, mientras sonríe a medida que se acerca Fernanda Meléndez (16), su novia hace más de dos meses. Paloma la saluda, mientras le cuenta a Jazmín Ferrada (16), otra chica del grupo, que discutió con ‘Coso', su pololo.
Las jóvenes cruzan la calle en dirección hacia el Parque Bustamante, lugar donde se reúnen a conversar todos los días después de clases. En el camino, bromean y especulan acerca de sus demás compañeras. "Esa mina es lesbiana, pero sólo con copete y pito se asume", grita Valentina Pereira (16), una chica delgada y de pelo corto, mientras apunta a una niña que camina delante de ellas. Se recuestan en el pasto y comienzan a ‘pelar' a cualquiera que se les cruce por delante, o a recordar anécdotas de fin de semana. Algunas fuman y otras prefieren comer el almuerzo que trajeron desde sus casas. A lo lejos, un grupo de chicos, también escolares, comienzan a mirarlas. Un joven alto, de tez blanca y ojos verdes camina hasta ellas. Saluda a Valentina Mena, una de las que conforman el grupo de niñas. "¿Hola, me puedes dar tu messenger?", pregunta él. Ella lo mira de pies a cabeza y ríe. Todas las demás parecen entenderla y estallan en carcajadas. "Sorry, soy lesbiana", responde Mena.
Las nueve niñas pertenecen al mismo curso, el segundo medio F. Según las mismas, de las 45 alumnas que lo componen, al menos siete son lesbianas o ‘hueviadas', es decir, que están probando o que simplemente aún no asumen ser homosexuales. "Yo ya estoy acostumbrada a verlas dándose besos. Son mis compañeras, mis amigas, entonces igual me pongo feliz por ellas, no me da asco ni nada", asegura Javiera Marambio (16), una joven chilena de color, hija de una mujer ecuatoriana. Todas las presentes admiten haber dudado de su sexualidad en algún momento, y aun más, haber besado a alguna chica en una fiesta o junta de amigos. "Las adolescentes actuales toman mucho en cuenta lo que las demás compañeras hacen o dejan de hacer, ya que es tan importante ser aceptadas socialmente dentro de un grupo que podrían llegar a efectuar conductas a las cuales no están acostumbradas", cuenta Francisco Manzano, psicólogo de la Universidad SEK. Al preguntarles a las mismas involucradas qué opinan acerca del lesbianismo, cuentan que es algo común y corriente para ellas, algo cotidiano y que puede verse en cualquier lugar, incluso dentro del mismo colegio.
Valentina Pereira y Carla de la Fuente (16) son pareja desde el 2006. Los padres de ambas saben de su homosexualidad y también de su relación. Carla, o la ‘Caco', como le dicen sus amigas, de pelo corto, voz grave y vestida con ropa ancha para ocultar su cuerpo grueso, estuvo en el Carmela Carvajal hasta hace un par de años. "Cuando empezamos con la Vale, nos íbamos a pololear al baño, o a los camarines, pero sobre todo detrás del pabellón de la básica, ahí nunca te pillaban", cuenta, mientras acomoda sus lentes estilo aviador. Las lesbianas del grupo, que de las nueve son cinco, reconocen que les molesta no poder hacer su vida normal de pareja, como lo haría cualquier otra, pero asumen también que debe haber un respeto hacia los demás. "No podemos andar besándonos en cualquier parte tampoco, porque a los demás les puede molestar, depende de la gente en realidad", cuenta Pereira, mientras abraza a su novia.
"Lo único malo de todo esto, es que si te calzan, estái cagá", cuenta Lillo, mientras recuerda el episodio en que dos chicas fueron sorprendidas besándose en el baño del colegio hace dos años. "No las echaron, pero les hicieron la vida imposible", cuenta. Las niñas cursaban tercero medio y eran lesbianas asumidas ante sus compañeras y familias. Al ser sorprendidas, fueron llevadas a inspectoría general, en donde citaron a sus apoderados para contarles lo sucedido. Al pasar los días, inspectores y profesores evitaban verlas juntas, y si ocurría, las separaban inmediatamente. Las vigilaban después de la salida de clases, cerciorándose de que ambas se fueran directamente hasta sus casas, por encargo de sus propios padres. Después de lo ocurrido, el colegio contrató a una mujer a la que las chicas apodan ‘Sarita, la Monkey'. Nunca han logrado saber su verdadero nombre, ni tampoco hablar con ella. Su labor en el establecimiento es vigilar durante los recreos a las alumnas, sin hablarles, tan sólo observar lo que hacen. "Nosotros tenemos puras profesoras, ni uno hombre, y en verdad son súper cartuchas y homofóbicas, por eso es mejor hacerla piola y esconderse de todos en el colegio". Según las mismas chicas, son las profesoras las que más discriminan a las que han optado por dar a conocer su condición sexual abiertamente, a diferencia de los pocos hombres que trabajan al interior del establecimiento, quienes a pesar de que no entienden muy bien cómo puede ser posible la situación, aceptan que así sea. Lo mismo ocurre con las mismas alumnas heterosexuales, las que han presenciado más de alguna vez un beso entre dos de sus compañeras y amigas, y hoy lo consideran algo completamente normal.
"Yo no le veo nada de malo ser lesbiana, aunque yo no lo sea, pero es opción de cada una, yo no me meto en sus vidas", declara Paloma Huerta. El segundo medio F es, según sus las mismas alumnas, el segundo curso con más lesbianas del colegio, después del tercero medio C, que de 45 alumnas, al menos treinta han asumido ser lesbianas o ‘hueviadas'. Es importante tener en cuenta, que no porque una adolescente se encuentre en un colegio femenino significa que ésta va a ser lesbiana, pero sí cabe la posibilidad que dentro de este colegio exista un porcentaje alto de lesbianas por curso, por las condiciones en las que se encuentran a diario", declara María Paz Verdugo, psicóloga juvenil de la Universidad del Pacífico.
Las heterosexuales del grupo admiten que reconocen por lo menos tres razones por las cuales una chica podría dudar de su sexualidad en un colegio femenino. La primera de ellas es el encierro de tantas horas al interior del establecimiento sólo con personas del mismo sexo; la segunda, es el fuerte lazo que se forma dentro del establecimiento, y que de pronto tiende a confundir simples amistades con algo más que eso; y la tercera, es la tentación de las lesbianas asumidas hacia sus demás compañeras. "Puede influir por sobre todo estar tanto tiempo con ellas", cuenta Catalina Vallejos, mientras se delinea los ojos de color fucsia. Admite ser heterosexual, pero una vez se besó con una compañera durante la celebración de las alianzas en uno de los patios del liceo. Durante el aniversario del colegio, las actividades son varias, desde bailes hasta presentaciones dramáticas. "En el trabajo y el mucho tiempo que pasai con tus compañeras es cuando empezai a dudar", cuenta Valentina Mena. La jornada de clases dura siete horas los días en que las alumnas salen más temprano, y sólo tienen profesoras mujeres. "Como el ambiente social es un ambiente femenino, donde no existe la masculinidad, todo lo que tenga que ver con ser femenino se apremia. Es muy factible entonces que se fijen sólo en mujeres o que puedan tender a hacerlo", afirma Francisco Manzano.
Dentro del colegio, junto a una banca pintada de ocho colores, al igual que la bandera gay, se encuentra la sala de orientación. "La orientadora vale mierda, jamás nos ha servido ninguna de sus charlas", cuentan las chicas. Justo por delante del grupo, pasa un joven en skate. Se detiene y saca de su bolsillo dos o tres pequeños sobres hechos con hojas de cuaderno. "¿Compran caño hoy chiquillas?", pregunta. Las chicas se miran y comienzan a buscar monedas en sus mochilas, pero no son suficientes. "Tendría que ser mañana", le responde Valentina Lillo.
TOCAR LA PUERTA ANTES DE ENTRAR
Casi cuatro meses han pasado desde la última vez en que el liceo Carmela Carvajal estuvo en toma y paros en las actividades escolares. El 27 de mayo se dio por iniciada la toma, convocada por alumnas de tercero y cuarto medio, integrándose más tarde las de segundo medio también. El motivo era conocido por todos: El retiro de la Ley General de Educación (LGE). Un mes duró, aproximadamente, el cese en las actividades, tanto en el Carmela Carvajal como en sus pares públicos, el Liceo Nº1 Javiera Carrera y el reconocido Instituto Nacional. La falta de cooperación entre las mismas alumnas terminó con las manifestaciones el 23 de junio, día en que se depuso el paro para volver a clases el lunes siguiente. La toma dejó entrever dos problemáticas sustanciales, según las mismas alumnas. En primer lugar, la formación del liceo Carmela Carvajal, basada en el trabajo grupal y eficiente, se empaña al ver lo sucedido durante los días de recesión. "Si la toma terminó fue porque éramos las mismas de siempre las que estábamos poniendo la cara, las demás se tomaron vacaciones, por eso no se logró nada", cuenta Valentina Lillo.
Por otro lado, al preguntarle a un grupo del alumnado qué es lo mejor de estudiar en el establecimiento, ocho de diez responden que tiene que ver con ‘las tradiciones y el rendimiento académico'. Las dos restantes afirman que es el lugar en el que se sienten más cómodas. Ambas son lesbianas. "Se puede dar cuenta que el grupo social es en donde se reafirma el propio ser, durante la adolescencia, en donde se logra identificar lo que va guiándolos y haciéndolos sentir a gusto", afirma Francisco Manzano.
En una investigación realizada por el diario La Tercera en el 2007, el liceo Carmela Carvajal se encuentra dentro de los cinco mejores colegios del país, tomando en cuenta su historial en pruebas académicas como la PSU y el SIMCE, desplazando a cientos de colegios particulares reconocidos como el Cordillera y el Cumbres de Las Condes. Sin embargo, este establecimiento, que hasta 1981 se llamó Liceo 13 de niñas y que fue fundado en 1961, ‘evita', según sus propias alumnas, el tema del lesbianismo y se jacta del respaldo académico que lo ha destacado a lo largo de su historia. "No es negar que el colegio saque buenos puntajes ni nada, pero así como eso sale en la prensa, reconocido por las mismas autoridades del liceo, debería también contarse que es un colegio que está a la par entre heterosexuales y lesbianas", declara Paloma Huerta.
Durante los días que estuvo en toma, se realizaron diversas actividades al interior del recinto. Juegos, bailes, fiestas y hasta la elección de la ‘Reina de la Toma', son algunas de las instancias que se vivieron en secreto, acompañadas de alcohol y marihuana, siempre que alguien consiguiera ésta última. "Yo supe que pasaron muchas cosas, se tomaron las salas y no se podía entrar sin tocar la puerta, porque no sabíai con lo que te podíai encontrar adentro", cuenta Valentina Lillo, quien además fue sorprendida por una profesora besando a su novia en el patio del colegio. Después de eso, se le acusó de haber colocado las bombas de ruido que se encontraron al interior del establecimiento el 11 de septiembre pasado. "Los profes te agarran mucha mala, si no hubiera sido por otro profesor, que habló con la profe que me pilló, me habrían echado del colegio".
HACIENDO LA VACA
Cerca de las tres de la tarde, las chicas aún continúan sentadas en el pasto conversando en el Parque Bustamante. A su alrededor, hay por lo menos quince grupos de escolares en la misma situación. La ocasión amerita, según las mismas, una cerveza, un pito y muchos cigarros. A la sombra, el viento fresco trae consigo el fuerte olor a marihuana, tierra y bolsas de botillería vacías. Las nueve jóvenes ríen a carcajadas, mientras algunas se dan también el espacio para susurrarles cosas al oído a sus novias o para acariciarles el pelo con la punta de los dedos. Valentina Pereira y la ‘Caco' son las únicas que se sientan separadas la una de la otra, para poder compartir aun más con sus amigas.
Jazmín y Paloma son las primeras en irse. Se despiden de todas las demás y caminan juntas hacia la estación de metro más cercana. El resto de las chicas parece no tener intenciones de llegar a sus casas aún, y toman sus bolsos para buscar un espacio con más sombra. El sol y el calor se han vuelto insoportables, y cada una comienza a buscar en sus monederos y billeteras alguna moneda para aportar al grupo. Con dos mil pesos reunidos, Valentina Lillo y su novia Fernanda se levantan y caminan hasta la botillería de la esquina para comprar una cerveza y dos cajetillas chicas de los cigarros más baratos. En el local, hay cuatro jóvenes comprando cigarros. De fondo suena un reggaeton.
FÁBRICAS LÉSBICAS
No tan sólo el liceo Carmela Carvajal es conocido y tildado por los mismos jóvenes como una verdadera fábrica de lesbianas. El Liceo Nº1 Javiera Carrera, uno de sus mayores ‘rivales' académicos, parece ser considerado de la misma forma. Está ubicado en la calle Compañía, en la comuna de Santiago, y tiene tres mil alumnas, las que distribuye por cursos de 45 niñas cada uno. Una estudiante de cine de la Universidad de Chile de 21 años (que prefiere no revelar su nombre) y ex alumna del establecimiento, egresada el 2005, recuerda haber tenido siete compañeras homosexuales asumidas en cuarto medio, y reconoce abiertamente también haber tenido una novia del mismo colegio durante ese año. Es bisexual, y nunca se consideró lesbiana, por lo que nunca le contó a sus padres de la relación. Hoy lleva seis meses pololeando con Felipe, un compañero de universidad que siempre supo de su pasado. Nunca le ha dicho nada al respecto. El lesbianismo en su colegio lo detectó en primero medio, año en que ya había dos lesbianas en su curso. "Ese año nos cuestionamos todas, incluso las más católicas", cuenta. Durante las tomas del 2006, el secreto a voces pasó a ser sabido por todos. "En los patios había parejas de minas dándose besos y tocándose piola", cuenta, "y era súper normal verlo", agrega. Lo mismo ocurrió en la gira de estudios, en La Serena, donde sus compañeras jugaban póker nudista en las noches dentro de las cabañas. Al preguntarle qué podría causar este fenómeno, tanto en su colegio como en el Carmela Carvajal, ambos liceos públicos femeninos, Claudia afirma que tiene directa relación con los fuertes lazos que se forman con las compañeras de curso, por las largas jornadas en que sólo se relacionan con mujeres, y por la presencia de lesbianas alrededor. "Una se confunde mucho, y tiene miedo, pero encontrai apoyo y comprensión en tus compañeras, que pasan después a ser más que amigas". En su colegio nunca se habló del tema, ni siquiera en educación sexual, por lo que las alumnas tampoco se refieren mucho a él, pues como las mismas ‘Javierinas' afirman, ‘lo que pasó en el liceo, quedó en el liceo'. "Me he topado con compañeras que hoy tienen pololos y que yo sabía que dudaban en ese tiempo de si eran lesbianas o no, y les preguntaba qué onda y me hacían callar", cuenta, entre risas.
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por alguna razón no se
**no salimos a la una y
Me gustó el reportaje,
Uhhhhhhh briiiggiiiido
No sé.... yo tuve un tiempo
Querido Pedrito: Tu
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yo estuve hasta el 2008 en
Salí del CCp en el año
LA VOZ CARMELIANA SE
yo egrese de ese liceo hace
Yo estoy en cuarto medio en
yo soy una de las niñas
aaai si igual ai lesvianas
Soy una alumna parte de este
Me corrijo :D ''Hay niñas
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