La acelerada expansión de las grandes cadenas de supermercados en la capital durante finales de los 90’ ha puesto en jaque la subsistencia de las tradicionales abarroterías y bazares de los sectores residenciales. Los 90 mil emporios de ayer son los 62 mil de hoy. Unos resisten con ganancias mermadas, otros se han visto obligados a cerrar, y unos pocos se han atrevido a instalar nuevos establecimientos. Seis historias que reflejan los matices de la desigual competencia entre el comercio detallista y los mayoristas. Por Francisco-Javier Cuadra y Alexis López.
Una paradojal imagen es la que se da en la comuna de Las Condes. A un costado del supermercado Santa Isabel, ubicado en Avda. Manquehue con Cerro el Plomo, se encuentra el almacén de Emma Poblete (45). Las dimensiones de este negocio son pequeñas, su estructura es de madera y en su techo hay planchas de plumavit. En la entrada se encuentran cajones con distinta variedad de frutas, que en palabras de la propia dueña, es lo que más se vende. Para Poblete, si bien el supermercado es su gran competidor, siempre ha estado al lado, por lo que nunca ha sentido un gran cambio. Sin embargo, reconoce que "cuando el Santa Isabel estuvo clausurado por un año, las ganancias que obtuvimos fueron muy altas", dice.