El lado B de Pepe Auth

En general cuando se piensa en algún político, lo primero que se viene a la mente es una persona fría y calculadora, que simplemente suelta un discurso preparado al más mínimo empujoncito. Alguien añejo, que siempre quiere conseguir algo más como sea. La verdad es que no en todos los casos se cumple, acá no hay una estrategia política, si no que simple transparencia como persona. Los esquemas se rompen y dan a conocer a alguien diferente… un político, que simplemente no es el político al que nos tiene acostumbrado la fauna política chilena. Este es su lado desconocido.

El PPD (Partido por la Democracia), es una de las facciones políticas más influyentes del país, y tiene como timonel a un hombre de cincuenta y un años, que cuenta entre otros con un título de Veterinaria. Oriundo de Santiago, Pepe Auth ha logrado hacerse a lo largo de los años un nombre en la escena política chilena. Pasó de ser un dirigente estudiantil en tiempos del gobierno militar, a dirigir un partido político importante. Pero realmente esa no es su gracia, en realidad lo importante es lo que existe tras ese Pepe que aparece en la televisión dando discursos, tomando el café con Ricardo Lagos en París y buscando algún presidenciable para la concertación. 
Quien diría que es un hombre sencillo, quizás lo es demasiado para ser alguien tan influyente. Probablemente esa sencillez la ganó en su juventud, ya que su madre pertenecía al Partido Comunista, y ella le inculcó valores sociales y preocupación por la gente. "Mi madre hacía mucho trabajo social, en una población cercana a mi casa. En ese tiempo la pobreza era muy dura, las familias pata pelá, los niños se bañaban con el agua de los grifos", rememora sobre esos tiempos.

Su infancia la vivió entre Santiago y Tierra del Fuego, ya que debido al trabajo de su padre en la ENAP, tuvo que trasladarse desde la capital hacia el sur, "Ahí pasé una infancia maravillosa", dice feliz. En 1969, cuando cursaba octavo básico regresó a la cuna del smog, a vivir con su abuela y entrar al internado Instituto Barros Arana. Su familia lo seguiría un tiempo después.
"Tenía que tomar la decisión si me iba a estudiar a Punta Arenas o Santiago, ya que sólo había escuela básica donde vivía. Y yo en ese entonces tenía una polola cuyo padre me contaba maravillas del Barros Arana. Que se jugaba mucho a la pelota, y como yo era muy pelotero, la idea de jugar todo el día y tener ese ambiente que tiene el internado, me gustó mucho. De hecho lo pasé súper bien, en mis cinco años ahí". Para pasar el rato y dejar de lado el hervidero que era el recinto en días de semana, los alumnos ya por el día miércoles comenzaban a pelearse y para evitar esto, les empezaron a exhibir películas en el internado para poder evitar los problemas. Pero al cabo del tiempo el cine del recinto se incendió. Por lo que optaron por llevar a al alumnado a ver películas por la mañana a distintas salas de la capital, entre ellas una en el barrio Brasil, donde ahora se ubica el restaurante de Los Chinos Ricos. "Veíamos tres películas en los rotativos, ojala lo mas sexuales y para las edades más altas posibles, para volver tranquilos al internado en la noche", cuenta muy risueño.
En esos tiempos Pepe logró destacar en los deportes, sobretodo en los relacionados con los balones. "Era re bueno para la pelota, sigo jugando harto. En ese entonces jugaba como malo de la cabeza, en el internado se jugaba muchísimo. También jugué voleibol, fui seleccionado. Pero en lo que más me aplicaba era en el fútbol, en la selección del liceo jugaba con un cabro que era buenísimo, se llamaba Jáuregui, él luego fue volante de Colo-Colo. Era de esos gallos que querían pasarse a todos, que hacen trucos con el balón. Era un lujo tenerlo de volante, por que me daba muchas pelotas buenas y yo siempre he sido goleador, de los que concretan. Buscando el arco siempre", según sus palabras su habilidad como delantero lo ha llevado a meter más de la mitad de los goles en los distintos equipos en los que ha jugado. La pichanga la lleva en la sangre.
Al salir del instituto el año 1972 optó por estudiar una carrera alejada, a cierto modo, de su vocación que es la Sociología, en una primera instancia fue la Veterinaria la que lo cautivó, en parte para lograr desmarcarse de su padre y poder aportar con un grano de arena a los cambios que se llevaban a cabo en el período. "Mi hermano era un veterinario frustrado y mi papa un medico, pero yo no quería hacer lo mismo que mi viejo. Además que estudiar algo como sociología, para el año 73 era como no participar en el proceso de cambio, y yo tenía latente un veraneo que tuve con mi hermano, que fue administrador de un centro de reforma agraria, cosa que me quedó en la retina y como él tenia el sueño de ser veterinario, me metí a una carrera vinculada a al cambio y al proceso de producción... Así que egresé y soy licenciado en ciencias pecuarias y medicina veterinaria". Cuenta la historia, que al momento de recibir su diploma de manos del rector militar de la época, Pepe se negó a recibirlo y forzó al decano a intervenir y que él le entregara el diploma.
Hubo un tiempo entre sus estudios de veterinaria (año 1975), en que optó por tomar la carrera de Psicología como paralela en el pedagógico, pero al cabo de un tiempo el esfuerzo fue demasiado y optó por dejar de lado la carrera freudiana. "Lo natural hubiera sido quedarme en Psicología, pero tenía una polola en esa carrera y queríamos proyectarnos... yo ya iba a pasar a tercero de Veterinaria, así que dije: yo termino primero la universidad, te mantengo a ti, tú terminas lo tuyo y después yo regreso a finiquitar Psicología. Pero pasó que egresé y terminamos, así que no tuve la oportunidad de concretar eso"

Raúl Peralta conoció a Pepe en la universidad, ha sabido distinguir su carácter y personalidad a través del tiempo. "Es alguien muy lúdico y simpático. Me acuerdo que una vez se hicieron las olimpiadas del pedagógico, que eran un invento de los milicos para bajarle el perfil al activismo político del lugar. Y adivinen a quien se le ocurrió que nosotros participáramos jugando a las naciones. Imagínate, de repente se veía a una manga de pelotudos viejos jugando a las naciones en el patio, y el que más le ponía empeño era el Pepe Auth. En esos tiempos sacaba a relucir esa faceta histriónica".
Cuenta además que los cambios que ha tenido como persona han sido muy pocos con el paso de los años. "No ha cambiado sustancialmente. Ha sabido ser bien consecuente en su línea de vida. Siempre estuvo bastante bien perfilado, sabía para donde iba y que era lo que quería hacer. Pero lo más importante es que ha sido consecuente con sus ideas, tiene convicción, la valentía de tirarse a la piscina haya agua o no".
Su consecuencia le ha ayudado a ganarse a la gente y a generar capacidad de liderazgo. Como recalca Rodrigo Durán, quien conoce a Pepe ya que él lo llevó al PPD para que trabajara como encargado de prensa. "Tiene una gran capacidad de trabajo y nos empuja a todos, ya que tiene sus ideas claras y es capaz de aglutinar a bastante gente. Eso se nota en su partido, ya que junta a otros líderes que ya están establecidos. Y eso es interesante dadas las tendencias históricas del partido. Se podría decir que él es bastante juvenil"

Pepe Auth también tiene otras facetas desconocidas, que tiran hacia lo artístico. Primero que todo está el teatro, el cual comenzó a hacer desde pequeño. En un principio, cuando tenía siete años, participaba en un grupo teatral con Roberto Toconil, actor de la Universidad de Chile, quien hacía clases a hijos de comunistas en La Reina. Luego cuando se fue a Tierra del Fuego, Roberto Navarrete fue su profesor.
Ya en la universidad se animó a juntar a estudiantes de Psicología y Veterinaria para formar un grupo llamado Encierro, nombre ad-hok para la época. En 1978 hubo un festival teatral de universitarios aficionados en el Parque Bustamante en el que presentaron un remake de la obra El traje nuevo del emperador.
Las ligas actorales le iban de maravilla a Pepe, de hecho logró ser director de la rama de teatro de la Agrupación Cultural Universitaria. En ciertos casos la dirección, escritura y actuación de una obra estaban todas a su cargo.
Otra de sus incursiones en el rubro, fue cuando con el estudiante y hoy actor Alejandro Goic y unos amigos montaron en un concurso una obra de Jorge Díaz, llamada Mimicaliente, pero que rebautizaron como Dispara usted o disparo yo, como el concurso de Don Francisco, pero en este caso ellos rifaban golpes de estado. "Era una obra corrosiva, política. El jurado la consideró la mejor, de hecho está en sus actas. No nos premiaron por que era muy peligroso hacerlo", cuenta como anécdota.
El ímpetu teatral se fue esfumando con el tiempo, ya que la política comenzó a consumir casi todo el tiempo que Pepe tenía disponible.

La segunda incursión en las artes está en la escritura. "Escribí poesía y cuentos, yo recitaba mucho y dramatizaba, además en mis discursos siempre terminaba con un poema de Neruda.
Tengo un par de proyectos de novelas, que no descarto sacar pronto, además de dos libros que están en carpeta. Uno que hice como editor, de historias de vida de chilenos en Suecia, llamado Con Chile en el corazón, que está editado en ese país, obviamente en sueco y quiero sacarlo acá. Y tengo en preparación un libro de artículos de distintas épocas, desde mi indignación por un incendio en tiempo de la dictadura en un centro de reclusión de menores, pasando por artículos de cuando ocurrió lo de Tian'anmen, hasta cosas más cercanas como política actual".

A Pepe siempre se le ve ocupado, nunca falta alguien que lo llame al teléfono, que le toque la puerta o lo pase a buscar. Pero al parecer estas obligaciones no hacen que su vida sea menos feliz. A pesar de todo lo que tiene que hacer, la sonrisa le sale espontánea cada cierto tiempo. "Yo disfruto la vida entera, soy un gozador. Me gusta sobretodo cuando hago goles, también comer. Yo soy un tipo feliz, veo el lado positivo de las cosas. No me hago un caldo de cabeza, no soy depresivo. El mundo tiene su lado oscuro y su lado claro, yo intento caminar por el lado claro y tirar luz sobre el lado oscuro. Me carga ver a esas personas que viven haciendo algo como si no disfrutaran las cosas que hacen. A mí me gusta cada cosa que hago, la gracia es pasarla bien".

 

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este señor es un sinico, al igual que su progresismo...

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